Una esperanza para el fatigado corazón de Wilfredo

ALBERTO D. PRIETO 

MADRID.- Wilfredo Piña Canela tiene 14 meses y unas manos que lo cogen todo. Nació con una malformación en el corazón que le impide oxigenarse bien. Es mejor que no se enfade, porque, al llorar, termina por ponerse morado y por jadear.

Subió por primera vez a un avión el pasado día 16 de enero de la mano de su madre.25ene99 Mercedes, que así se llama, acompañó las ocho horas de viaje de su hijo desde la República Dominicana, donde viven, para que Wilfredo pudiera ser operado en la Clínica La Zarzuela el próximo 1 de febrero. Sin una intervención a corazón abierto, moriría en poco tiempo.

Wilfredo nació un 29 de octubre de 1997 en Pasobajito, un pueblecito dominicano de unas 200 familias situado a más de 1.200 metros sobre el nivel del mar y a más de cuatro horas en jeep de la capital, Santo Domingo. Su padre, César Piña, se dedica al cultivo de la habichuela y el café -actividad de la que viven todos los habitantes de la aldea- y su madre, que está embarazada de cuatro meses, coordina las labores del dispensario sanitario del pueblo, lo que ellos llaman «el colmao de la salud».

La existencia de esta especial de farmacia rural -y de los pozos que están construyendo para sacar agua de la tierra, etcétera- es posible gracias a los proyectos de cooperación que mantiene la Universidad Rey Juan Carlos en la zona. La coincidencia de que el doctor Angel Gil, profesor de la Rey Juan Carlos, pertenezca también a la fundación Tierra de Hombres, ha posibilitado que hoy la vida de Wilfredo tenga una esperanza.
Inquieto
Su madre cuenta que, desde que nació, ha sido un niño inquieto. Todo lo toca, todo lo mira y, en sus ojillos, se adivina que todo lo entiende. O que va camino de ello. Sólo su trastocado corazón le obliga a parar de vez en cuando. Y, entonces, se rebela y llora.
Tierra de Hombres es una ONG que lleva desde el año 1990 trabajando en Latinoamérica y Africa. Su labor es contactar con otras asociaciones para trasladar a enfermos -preferentemente niños- a España para que sean operados de dolencias que, en sus países de origen, significarían la muerte segura, pero que en nuestro país se pueden tratar.

En Pasobajito trabaja Luis Rosario, médico dominicano que coordina el desarrollo de los proyectos de la Universidad en la zona. En agosto del año pasado descubrió lo que le pasaba a Wilfredo. Tras examinarlo, se vio que era imprescindible el traslado a España. Ahora, Luis está en Madrid, junto a Mercedes y su hijo, acompañándoles en este trance.

Labios azules

Mercedes Canela empezó a notar que las uñas y los labios de su hijo se ponían azules a los tres meses de que éste naciera. «Al principio, lo achaqué al frío», cuenta, «pero a los nueve meses de vida empezó con sus crisis. Jadeaba, se ponía amoratado y lloraba aún más porque le costaba respirar». Tras el susto, vino el diagnóstico. «Luis y Angel lo llevaron a la capital y un cardiólogo le diagnosticó la Tetralogía de Fallot. Yo no sabía qué era eso y pensé que con medicamentos… Pero, no se podía. Había que operarlo».

Angel Gil asegura que el viaje era imprescindible: «En la República Dominicana no hay ni equipo ni especialistas para casos como éste. Se pensó en México o en Estados unidos, países donde hay buenos especialistas y organizaciones más o menos altruistas; pero lo más seguro era nuestro país». Y en España, ha sido la Fundación Sanitas la que se ha encargado de los gastos de la operación, y ha conseguido el quirófano de la Clínica de la Zarzuela para operar a Wilfredo.

La enfermedad de Wilfredo consiste, esencialmente, en que los grandes vasos sanguíneos que se comunican con el corazón están mal colocados. Ello le provoca, además, una comunicación interventricular y, por consiguiente, una mala oxigenación. Esta es una dolencia común entre comunidades muy cerradas en las que los matrimonios se dan entre personas de la misma familia.

La razón de que se haya tardado seis meses en intervenir desde los primeros síntomas es que era más peligrosa que esperanzadora una operación tan grave a un niño tan pequeño. «La verdad es que el pequeño está ahora en la mejor edad para ser operado. Es en este momento cuando hay que intervenir; antes de que crezca más».
Si todo va bien, los médicos prevén que a mediados de marzo, madre e hijo podrán volver a casa y abrazar a un padre que se quedó a miles de kilómetros de distancia, arando la tierra.

El campus, volcado con el pequeño

Mucha ha sido la gente que se ha implicado en el problema de Wilfredo. «Todos se han desvivido, cada uno en su papel», asegura, feliz, Angel Gil.

El viaje de Wilfredo y su madre a España presentaba varios problemas. Y, entre ellos, el primero, el de los papeles de entrada. En este caso no hubo ningún inconveniente.
Tierra de Hombres se puso en contacto con el embajador español en República Dominicana, José Manuel López-Barrón, quien se encargó personalmente de agilizar todo el papeleo. «En cuanto conoció el caso, nos dio todo su apoyo para que no hubiera problemas de papeleos al entrar a España. La verdad es que nos facilitó mucho todos los trámites», afirma el doctor Gil.

Angel Gil se ha encargado desde España de la organización del viaje. En la universidad dice haber encontrado todo tipo de apoyos: los estudiantes, los profesores y el propio rectorado se han comprometido con su causa.

De los 450 alumnos que tiene actualmente la Rey Juan Carlos, un total de 60 se han constituido en asociación. Son estudiantes de fisioterapia, enfermería, terapia ocupacional…

Desde el principio se han desvivido por hacerle fácil la vida a Wilfredo y a su madre, que nunca están solos cuando acuden a las múltiples pruebas a las que tiene que someterse el pequeño antes de la intervención.

«Este no es el primer caso que llevo. Y esperemos que no sea el último», asegura el doctor Gil. «Yo antes trabajaba en la Universidad Autónoma de Madrid, que también apoyó nuestros proyectos desde 1990. Este curso me vine a trabajar a la Rey Juan Carlos y, desde el principio, el rectorado se mostró entusiasmado con la idea».
De hecho, una de las personas más implicadas en el caso de Wilfredo es la vicerrectora de Relaciones Internacionales, Rafaela Pagani. Entre ella y unos 10 profesores del claustro han costeado el viaje de Mercedes Canela y su hijo hasta España.

Publicado en EL MUNDO el 25enero1999

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