Saramago denuncia la falta de solidaridad

ALBERTO D. PRIETO

José de Sousa. Más conocido como José Saramago, sobrenombre familiar con el que bautizó el hombre del registro civil a sus familiares. Incluso lo hizo constar en los libros oficiales. Hoy, este hombre recibirá la Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en reconocimiento y agradecimiento por su trayectoria académica y literaria y por su especial relación con este centro, «orgulloso de contar tantas veces con su sabiduría», aseguró ayer el rector José Luis García Delgado.

6jul99_El último premio Nobel de Literatura, el portugués de gafas grandes, el ateo comunista exiliado voluntariamente en Lanzarote, repasó el panorama literario y la realidad en la que el hombre resuelve sus conflictos, «como ha hecho siempre», con las bombas.

Desde que, en octubre de 1998, supo que la Academia sueca le había distinguido, Saramago no ha dejado de viajar. «Es un honor para mí que tantas instituciones me llamen para darme premios y doctorados honoris causa. Si ellos piensan que lo merezco, nada puedo decir en contra». Hoy aquí, mañana allí, en agosto Brasil y Argentina, en septiembre Angola y Mozambique, en octubre Alemania, en noviembre Francia, Italia…

El literato portugués cree que «algún día tendrán que acabar los homenajes, aunque, al paso que va, amenaza con ser infinito». Todo esto ha acercado a Saramago al gran público. «Las miles de cartas que me llegan a Lanzarote, que suponen un infierno para mi mujer, me aseguran que he perdido la invisibilidad pero no la credibilidad». O sea, que aquel que piense que por ser comunista no debería promocionarse tanto, se equivoca. «Uno vive para compartir y ser compartido; por salir tanto en los papeles no dejo de ser quien soy. Es más, si antes no me escondía ni rehuía las preguntas de todo tipo, ¿por qué habría de hacerlo ahora? Entonces mis lectores sí que podrían enfadarse; sí que podrían decir ` ¿es que ya no nos quiere?’ ».

Así que Saramago se pone a opinar. Lo hace pausadamente, masticando cada pensamiento… «Voy a decir una barbaridad… una más. Las ONG son como la delincuencia: el sistema las tolera, pero en cuanto éste se siente amenazado, reacciona y pone las cosas en su sitio. Es decir, hacen cosas, y son muy necesarias, pero no conseguirán cambiar la sociedad».

Y, para terminar, un canto a su propia excepcionalidad: «Una sociedad como ésta, insolidaria y pragmática, lo que no puede esperar es tener escritores comprometidos. Algunos lo serán, pero no puede ser la tónica general, porque uno escribe en el mundo en el que vive». Y es entonces cuando demuestra que él sí sigue mojándose: «Si, tras una guerra, los líderes enfrentados se dan la mano delante de la TV y todos nos alegramos de esa paz falsa e injusta, ¿por qué no reflexionamos sobre la posibilidad de solucionar los conflictos sin las bombas? ¿Es que nadie se da cuenta de que hay miles de kosovos, angolas, tímores orientales donde mueren personas que podrían salvarse si antes de matar se hablaran las cosas?».

Publicado en EL MUNDO el 6julio1999

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