María Kodama: «Borges era perezoso»

ALBERTO D. PRIETO

Es argentina, de padre japonés, y tiene una edad tan indeterminada que hasta sus amigos la ignoran. No es agresiva, pero marca su territorio. Cuando se le pregunta por su boda con Borges tres meses antes de la muerte del escritor, hace un ademán pausado, casi cansino, y saca el cartel de «Territorio privado». María Kodama lleva 13 años sin su marido, Borges. El hombre de su vida la dejó en 1986, cuando perdió la vida, ciego, cansado y absolutamente lúcido y creativo, a punto de los 87 años. Sumando 87 más 13 llegamos al motivo que está llevando a esta viuda de edad indeterminada a viajar de esquina a esquina del mundo: el número 100; el centenario del nacimiento del «escritor de lo fundamental del ser humano», como ella misma lo define.

16jul99Pregunta.- Borges, Borges, siempre Borges, ¿por qué lo llama por el apellido?

Respuesta.- Esa es mi manera de homenajear a los que admiro. Lo llamo así porque así quiero llamarlo. Es mi costumbre. A mi padre nunca lo llamé padre o papá; lo llamaba simplemente Kodama.

P.- Su marido decía de usted que su padre la había educado para él…

R.- ¡Sí!

P.- ¿Por qué lo decía?

R.- Bueno, porque mi padre era japonés y me dio una educación un poco distinta de otras chicas de mi país. Me contaba historias de los guerreros de la unificación de Japón. Yo tenía una especie de formación de la ética que Borges tenía también, que vino por su familia, por sus antepasados que pelearon por la independencia. Además, por ejemplo, mi padre, desde antes de yo tener uso de razón, me llevaba a galerías de arte, museos… Todo eso, después, es lo que sirvió para describirle el mundo a Borges cuando Borges no podía ver.

P.- ¿Y cómo era escribir los libros que Borges dictaba?

R.- Era algo lindísimo. El escribía cuando quería, por puro placer. No era el tipo de escritor con pavor a la página en blanco. No, no, eso no… Me decía: «Anoche soñé algo. Así que vamos a ver qué sale». Y él, tranquilo, sentado, comenzaba a dictar… Otras veces, cuando yo le leía, de pronto yo veía que él cerraba los ojos fuerte, fuerte. Entonces yo paraba la lectura, porque sabía que él estaba pensando. Al cabo de unos instantes, yo me daba cuenta de si él me iba a dictar prosa o verso. Si él empezaba a contar sílabas, así, en el aire, con los ojos apretados… ya sabía, era un poema. Y ahí, luego, él empezaba a dictarme el poema.

P.- ¿Nunca aprendió técnicas de lectura o escritura para ciegos?

R.- El era perezoso y tuvo a su madre para leer o para escribir. Después, claro, se acostumbró a esa disciplina de dictar.

P.- A Borges se le tacha de ser un autor difícil de leer… ¿No era difícil escribir al dictado de alguien que es tan complicado?

R.- ¡Ah, no! ¡Es que para mí no es difícil de leer! Yo creo que eso es un preconcepto. Borges es… ¿Cómo te puedo explicar? Es la imaginación, ¿no es cierto? Es la fuerza de la imaginación con una base, digamos, filosófica y de conocimientos extraordinaria. Y es la creación. La creación es libertad… La libertad no podemos leerla. Hay que dejarse llevar por la belleza de lo que es la música de un texto. Y si uno empieza de esa manera, aunque no entienda nada, hay algo de ese lenguaje, de ese ritmo, que te toca algo dentro.

P.- ¿Así entró en Borges?

R.- Así entró Borges en mí, cuando yo era muy chica, a los cinco años, leyendo su obra. Sin entender nada, pero sintiendo algo dentro de mí que me transmitía y me hacía sentir de un modo especial. Y después, a medida que fui creciendo, estudiando junto a él desde la adolescencia, pues me fue deslumbrando.

P.- Entonces, ¿cualquiera puede entrar en Borges, sin entender?

R.- Bueno, alguien que empieza y que no tiene una formación literaria, una formación filosófica… es mejor que comience por los últimos textos. Con un cuento, como El cautivo u otro como El muerto. Porque se pueden leer de muchas maneras a medida que uno se hace más complejo intelectual y espiritualmente. Cuanto más ricos somos, cuanto más hemos leído, ese texto nos dará más capas y más riqueza.

P.- ¿Ya desde el principio era tan rico, tenía tantas capas?

R.- Bueno… sí. De hecho, en la exposición itinerante sobre su centenario hay un libro que leyó Borges. Está lleno de notas, y, por ejemplo, en la página 50 dice «contradicción, ver página 15»… Eso nos da un mapa de la inteligenciade ese lector, de Borges. El tenía la costumbre de firmar todos los libros y marcar la fecha en que los leyó por primera vez. Cuando vi estas notas… yo lloraba de emoción, porque la lectura de ese libro, esas notas y esas reflexiones ¡habían sido hechas por un chico de 16 años!

P.- Cuando creaba, ¿le salía así, de buenas a primeras?

R.- ¡Ah, sí! Porque todo eso lo tenía incorporado, porque si a los 16 años hacía esas notas, todo eso estaba dentro de él, decantado. Con solera. Como un buen vino… Y entonces lo que salía, salía.

entrevista publicada en EL MUNDO el 16julio1999

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