Pobres, enfermos y condenados

ALBERTO D. PRIETO

Cuando un pobre cae enfermo, deja de trabajar, que es lo único que tiene, y gasta sus ahorros, que es lo único que le queda. Ahí comienza un círculo vicioso. La enfermedad es consecuencia de la pobreza: la mala alimentación, la falta de agua potable y de servicios médicos hacen más vulnerables a los habitantes de los países en desarrollo.

Pero la espiral continúa cuando la propia enfermedad es la que causa más pobreza. Si el cabeza de familia enferma, su mujer ha de emplearse en las labores del hogar, en buscar un empleo, en sacar tiempo para sus hijos, para cuidar a sus mayores… y en buscar más dinero para pagar los medicamentos.

Las políticas sanitarias de los países pobres brillan por su ausencia. En parte por desidia, en parte por falta de recursos.Y los países ricos no ayudan. De hecho, la cooperación internacional destinada a programas de salud para los países empobrecidos ha decrecido desde 1990. Y eso que, según la OMS, si los países ricos aumentaran su apoyo en sólo un 0,1% de su PIB a los programas de salud de los pobres, de aquí a 2010 se podrían salvar unos 20 millones de vidas. Es tan poco para los ricos y supone tanto para los pobres que sorprende que Occidente haga tanto énfasis en la globalización del comercio y tan poco en la de la salud.

El Sur se muere. Y sobre todo, se muere de enfermedades que son curables o, al menos, tolerables en el Norte. ¿Por qué? Porque hay poca información, porque avanzan las creencias míticas de que el sida se cura violando vírgenes, porque las madres se lo contagian a sus hijos durante la gestación… y porque los tratamientos -de la malaria, de la tuberculosis, del sida- son demasiado caros.

Y más que lo van a ser. En 2005 entra en vigor el tratado ADPIC, adoptado en el seno de la Organización Mundial de Comercio, para defender la propiedad intelectual. Y las patentes de los medicamentos estarán más protegidas, lo que hará que los pobres tengan que pagar aún más por fármacos que en el Norte sufraga la Seguridad Social. Cuando un trabajador enferma en Africa, Sudamérica, el Sudeste asiático… ha de pagarse el 100% de su tratamiento.Y no tiene con qué.

Queda demostrado que la enfermedad empobrece a los pobres. Ayer mismo, la OMS anunció en Madrid que el sida provocará en el Africa subsahariana una reducción de su PIB del 8% en 2010 y del 20% en 2020.

Cuando un pobre cae enfermo, lo pierde todo. Gasta lo que no tiene en curarse y deja de ingresar por su trabajo porque no suele haber bajas por enfermedad en los países más pobres del planeta. ¿Qué pasa entonces? Que los pobres prefieren aguantar y no van a buscar su tratamiento, o lo retrasan hasta el momento crítico, o no lo terminan por falta de ingresos, o se endeudan, o venden sus pírricas posesiones, o ponen a trabajar a sus hijos.O sea, que son cada vez más pobres. Y, lo que es peor, que nunca dejarán de serlo. Ni ellos, ni sus hijos, ni su propio país.

Alberto D. Prieto es periodista y autor del libro La ley del más fuerte. Trampas e injusticias del comercio mundial (Intermon-Oxfam)

Publicado en EL MUNDO el 15julio2003

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s