En vía muerta

ALBERTO D. PRIETO

La cumbre del G8, ésa que se anunciaba como la de la sensibilidad hacia los países pobres, había abierto unas expectativas que hasta ahora no eran imaginables. Ni siquiera los atentados del jueves en Londres cambiaron el discurso almibarado de los líderes del norte opulento. Hoy, las ONG al menos podrán sentirse orgullosas de su labor de concienciación. Su mensaje es lo que ha llevado a los líderes de los países más industrializados a anunciar que se iba a buscar un cierto avance «frente a todos los males del mundo», en palabras de Tony Blair.

14jul05Estas palabras del primer ministro británico atemperaron las ansias de gresca de los manifestantes que se arremolinaban en las inmediaciones de Gleneagles. Pero éstos ya lo han advertido: no tolerarán más hipocresías de los ricos. Si con las conclusiones firmadas el pasado viernes sólo han pretendido lavar sus conciencias vendiendo al mundo entero que les preocupa que cada día 50.000 personas mueran por no poder llevarse nada a la boca, allí estarán los activistas para recordárselo.

El caso es que los mismos que escribimos esto lo hacemos con cierto punto de falsedad. Vivimos en un mundo no ya cómodo, sino acomodado. Para mantener este tren de vida, las vías han de estar construidas por esclavos que, de sol a sol, se deslomen por unos eurillos, un plato de rancho y un catre para compartir.

Las ONG se han mostrado frustradas por la declaración final de los ocho más ricos. ¿Y por qué? Pues, entre otras cosas, porque lo han fiado a muy largo plazo. Anunciar que en 2010 van a incrementar la ayuda al desarrollo en 50.000 millones de dólares anuales resultaría una broma si no habláramos de seres humanos. Primero, porque a ver quién se fía de los mismos países que hace cinco años se comprometieron a reducir a la mitad el número de personas que en el mundo viven con menos de un dólar diario. En 2000 eran 1.000 millones de personas. Hoy son 1.200 millones. Y segundo, ¿por qué la demora de cinco años? Quizá por las tensiones de su tesorería nacional… muy respetable argumento, si no lo pesamos en la balanza frente a esa multitud de abandonados a su suerte. Según Oxfam, si el incremento de la ayuda fuese inmediato se podría sacar de la indigencia, desde ya, a 300 millones de personas.

Además, lo primordial es el tipo de ayuda que se incrementa. Los países pobres no piden caridad, piden Justicia. ¿Y qué ayuda al desarrollo es ésa que se sustancia en créditos que únicamente incrementan la deuda que ahoga a los países ayudados?

¿Y para qué mandar dinero al Sur empobrecido para tecnificar sus plantaciones de café si luego las tres o cuatro grandes corporaciones imponen unos precios en origen que no da para vivir a la familia de Juan Valdés? ¿Y cómo es posible que la leche europea, producida por vacas muy caras de mantener y que tiene que viajar hasta Jamaica, sea más barata en la isla caribeña que la de sus propios ganaderos?

¿Acaso es justo que el norte rico subvencione sus productos hasta el punto de llevar a la más absoluta miseria a quienes ya eran pobres de solemnidad? ¿Y si, encima, le añadimos que las fronteras del primer mundo están cerradas para lo poco que ellos, los pobres, podrían ofrecer para salir de su miseria?

Diversos informes constatan que si el África subsahariana aumentara sólo un 1% su participación en el comercio internacional, millones de personas podrían salir de la vía muerta de la pobreza.

A veces hasta la denuncia es contraproducente. Hace unos años, las ONG advirtieron a unas cuantas grandes compañías de la confección textil de que en determinados países se explotaba a niños en condiciones de esclavitud. Las multinacionales, escandalizadas ante los ojos del mundo, tomaron una solución: dejar de encargar sus productos a esos proveedores. ¿Resultado? Niños a la calle.¿Consecuencia? El único ingreso económico con el que se financiaba la supervivencia de la familia de esos menores desapareció.

A lo mejor la idea no es decir que el G8 es el problema y acabar con él. Quizá mejor sea pararse un momento, salirse del carril, mirarlo todo con perspectiva, y emprender un nuevo camino. Un camino justo.

Alberto D. Prieto es periodista y autor de La ley del más fuerte.Trampas e injusticias del comercio internacional.

Publicado en EL MUNDO el 14julio2005

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