Tres horas al sol para ‘cazar’ la firma de Pérez-Reverte

ALBERTO D. PRIETO 

Como si la estrategia se hubiese dibujado sobre la mesa del ‘petit cabrón’, el emperador de las ventas fue recibido a rabiar de calor entre las casetas del madrileño Retiro. Ni Napoleón hubiese imaginado un escenario mejor para regresar al campo de batalla de su última derrota. Pérez-Reverte se fue de retirada hace 13 años del parque madrileño. Es «escritor a sueldo» pero acabó hastiado de ver que lo más importante «no era la literatura», sino «quién la tenía más larga», la cola se entiende… la de lectores.

7jun10Se oye algo, como un relincho… Antes de las nueve de la mañana aún corre una leve brisa que bracea los árboles que empasillan las casetas. Por allí se deja ya caer uno de los fans del mercenario. Francisco optó por esperar dos horas y tres cuartos con airecito y un libro en las manos en vez de guardar turno las mismas horas y los mismos cuartos a pleno sol y a pasos cortos.

Unos cascos de caballo… La gente pasa ante la tienda de campaña que Alfaguara ha instalado para el capitán de su barco editorial, el que llena sus bodegas de monedas de oro con cada rumbo trazado.

A la vuelta, decenas, centenas de gentes. Los protagonistas de la feria, según el escritor divo, son como sus personajes, de todo pelaje: Hombres y mujeres, niños, abuelos, unos vestidos de domingo y otros en chándal, con joyas o iPods, rasurados, bien peinados o con barba de tres días y olor a rancio por las dos decenas de ejemplares sudadillos bajo un grueso brazo. Sobre el camino de tierra irregular, un chico en silla de ruedas, otro que dice que el suyo es ‘La carta esférica’ y una que no sabe elegir entre el articulista o el novelista.

Un chasquido, un piafar… Trece años fuera de la feria son muchos y la espera ha acumulado ansiedades por cientos. Pérez Reverte tuerce la mueca, sonrisa afilada como la de sus personajes, y explica que estuvo harto pero que regresa «porque el sector anda mal y a lo mejor mi presencia lo anima».

¿Es eso o es que su obsesiva erudición lo han hecho menos divertido y necesita vender más? «No». Responden los fans. «Me gustan sus libros de ahora igual que los primeros». La frase, por repetida, no es atribuible. La dice el señor de gafas, la chica joven, ése que ojea el regalo de su esposa hace un par de semanas… y el policía que baja del caballo.

Avergonzado el agente le pide colarse a una señora que lleva un carro de ejemplares. «Estoy de ronda y no puedo esperar», se disculpa. Ante un uniforme de 1,90 metros con cara de niño formal, ella no se puede negar. El agente lleva un librito en la mano. Raro, porque el autor de ‘El asedio’ suele escribir más de 600 páginas.
Hay murmullos en la tienda del general y chasquidos de flashes, los plumillas toman notas. «Ya tenéis foto», dice alguien. ¿Qué libro te ha firmado? «El husar», dice el policía subiendo de nuevo al caballo, «claro».

Y el trote se oye cada vez más leve bajo la voz inconfundible del mercenario de la novela que saluda a la señora del carro de libros y al macarra que la sigue. Aún quedan dos horas y tres cuartos hasta que el autor pare, coma y regrese a su tienda. A estrechar más manos. De niños, amas de casa, ejecutivos y jubilados.

De polis, macarras y fanáticos

La enorme fila que guardaba turno ayer en El Retiro era un estudio profano de la sociedad española. Arturo Pérez Reverte dice vivir de «vender aventuras» a «quien quiera comprarlas». Ayer, entre tantos otros, quisieron un policía que hacía la ronda a caballo, un joven peludo o un auténtico ‘friki’ que pidió una veintena de rúbricas en otros tantos ejemplares.

Piblicado en EL MUNDO el 7junio2010

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