Raúl, ambicioso y noble

ALBERTO D. PRIETO

No parece que éste sea un blog para hablar de un jugador que se retira, y menos aún de uno que en realidad sólo deja su club. Pero Raúl González no es uno más. No lo es ni en lo competitivo ni en lo deportivo. Más allá de sea catalogado por muchos como el futbolista más importante nacido en España -seguro al menos que lo es en la época moderna-, la salida del ‘siete’ del Real Madrid 16 años después de debutar de blanco aún como un adolescente, arroja una cifra verdaderamente significativa: nunca en sus 641 partidos en el Madrid, ni en sus 102 con la selección española, ha visto la tarjeta roja.

raulRaúl ha vivido a caballo entre varias generaciones. Su impronta ha influido en el blanco del Madrid y en el rojo de la selección. A su llegada, aprendió de los últimos años de la Quinta del Buitre, a cuyo estandarte jubiló y mandó a México, y junto a cuya plantilla acabó con la dictadura del Barça de Cruyff, que alzó cuatro ligas consecutivas y su primera Copa de Europa.

Lideró al Madrid de Suker y Mijatovic, bajo el mando de Capello; época en la que fue trasladado al extremo izquierda del ataque. Ganó tres Copas de Europa de la mano de Hierro, quien lo bautizó como ‘el Ferrari’ que los sobrepasaría a todos.

Recibió a Guti y a Casillas, quien hoy toma su brazalete de capitán, protagonizando la segunda época dorada del club a las órdenes de Del Bosque. Vio pasar ante sí la era galáctica, con sus glorias y excesos que la mataron, pero él siempre sobrevivió a los Ronaldos, Zidanes y Beckhams. Y ahora asiste desde la barrera a la eclosión de un tipo de fútbol maravilloso, el del Barcelona de Guardiola, cuyos jugones han recogido lo sembrado por gente como él y han liderado a la España campeona de Europa y del Mundo. Siempre lamentará haber nacido cuatro años antes de tiempo…

En sus casi 60.000 minutos como profesional sobre el césped, nunca en todos estos años, un árbitro ha tenido que expulsarlo del campo de fútbol. Una vez le hizo un gol con la mano al Leeds, en Liga de Campeones. Tanto extrañó ese gesto que, pese a que el vídeo no es un recurso muy del agrado de la UEFA y aunque el gol fue dado por válido, fue sancionado con un partido sin jugar. Hasta entonces y desde entonces, nada más. Su ejemplo en la cancha debe ser mostrado a los niños, como el de su antecesor con el siete a la espalda, ese Butragueño a quien sucedió en la delantera madridista y que tampoco fue nunca enviado a la ducha antes de tiempo por un colegiado.

Raúl pertenece a esa especie de futbolistas a los que gusta arbitrar. Competitivo y noble, ambicioso y deportivo. Su fama le precede y allá donde juegue será admirado por sus goles, por su trabajo incansable y por su respeto a este deporte maravilloso. Por eso, los titulares de prensa, siempre grandilocuentes, dicen que él es la encarnación de los valores del madridismo. Quizá esta vez tengan más razón que otras.

Publicado en Periodista (Y) Colegiado el 27julio2010

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