Esta crisis tiene causas (I)

ALBERTO D. PRIETO

ingresos-television-futbolIgual que la crisis general afecta más a los pobres y a los medianos que a los ricos, en el fútbol pasa lo mismo. El reparto de los ingresos televisivos ha sido siempre injusto, al menos desde hace 15 años, cuando los clubes decidieron vender por separado sus derechos. Las diferencias siempre fueron abismales, pero entonces había otros ingresos de los que tirar. Ahora sólo la tele es un maná seguro. Y sólo en parte, los tenedores de esos derechos no sólo pagan más a los grandes, sino que, como hace una empresa en crisis, a quien peor y más tarde paga es a sus acreedores más débiles: MadridBarça no temen nada del concurso de acreedores de Mediapro. Otros quizá sí. ¿Y entonces?

El fútbol español está en su conjunto muy cerca de la quiebra técnica, según los datos oficales de los propios clubes entregados en el Registro Mercantil, pero el problema no hay que buscarlo en los ingresos, bastante pingües, sino en la política de gastos. Quizá mejor dicho, en la falta de ésta como estrategia sostenible.

A grandes rasgos, uno de cada tres euros que ingresan los clubes españoles procede de la venta de sus derechos audiovisuales. Es decir, que las televisiones son las que dan de comer, al menos, a un tercio de sus jugadores y pagan a un tercio de sus proveedores; son las responsables del mantenimiento del fondo norte y del fondo sur de sus estadios, sufragan unos seis de los 19 desplazamientos a campo contrario durante la Liga; las teles financian también un 5% de esa ‘mordida’ del 15% que suelen llevarse los intermediarios en cualquier fichaje…

Es decir, que son las televisiones las que, con los ingresos que de ellas reciben los clubes, cubren un tercio de sus compromisos de pago. O, al menos, así debería ser. Pero eso no se cumple. Para saber por qué hay que retrotraerse en el tiempo unos años:

El actual modelo de ingresos por derechos audiovisuales es el resultado de las sucesivas ‘guerras del fútbol’ que en este país han sido. A mediados de los 90 se rompió el ‘statu quo’ imperante, el de la explotación conjunta por parte de la Liga de esta fuente de ingresos. Antena 3, entonces en manos del hoy fallecido Antonio Asensio (Grupo Z), estaba necesitada de implantarse con fuerza en el mercado televisivo español, tras un cambio accionarial (por otra guerra mediática) posterior a sus inicios titubeantes, y para ello comenzó a ofrecer unas cantidades hasta entonces nunca vistas bajo la estrategia del divide y vencerás.

En 1996 y en pocos días logró firmar contratos con los principales clubes españoles y adquirió una posición de fuerza para que éstos reclamaran la ruptura del modelo unitario. Todo acabó en la llamada ‘crisis de Nochebuena’, cuando a Antena 3 accedió al invento del partido de los lunes a cambio de integrarse en la plataforma de su hasta entonces competidor y enemigo, Canal+. La empresa deAsensio, en realidad, no tenía fondos suficientes para soportar los contratos que había firmado.

La historia posterior, ya bajo el gobierno del PP, se compuso de una ley, la del ‘partido de interés general’ (Ley reguladora de las Emisiones y Retransmisiones de Competiciones y Acontecimientos Deportivos: 21/1997, de 3 de julio), auspiciada por el entonces ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, y en una batalla por el control de la televisión digital por satélite. La confrontación de poderes político-mediáticos se sucedió con diversas regulaciones técnicas y denuncias que llegaron hasta los tribunales europeos y que acabaron por imponer contratos no más largos de cinco años para regular el mercado televisivo del fútbol.

Así, la partida se jugaba en el tablero de los grandes medios y de la política; nadie se ocupaba de la inflación económica en el fútbol y menos aún de regularlo con normas efectivas. Corría la temporada 96-97, en la que se enfrentaban 22 equipos en una maratoniana campaña de 42 partidos, producto de una componenda política que un año antes había obviado la normativa que obligaba a descender aSevilla y Celta de Vigo a 2ªDivisión B por sus impagos. Cuando se decretó este descenso administrativo, las calles de estas dos ciudades se llenaron de indignados aficionados reclamando que no se les hiciera a ellos pagar los desmanes de los manirrotos dirigentes futboleros. Valladolid yAlbacete recién descendidos en el verano del 95, ya habían sido inscritos en Primera para ocupar las plazas de los defenestrados. Y ante el caos, inhibidos el CSD y la Real Federación Española de Fútbol, la LFP optó por la decisión salomónica: todos a Primera y salga el sol por Antequera.

Aquella vulneración de la Ley del Deporte (10/1990, de 15 de octubre) fue germen de todas las posteriores ‘vistas gordas’ que se han hecho en el arribista mundo del fútbol español.

Publicado en Periodista (Y) Colegiado el 31agosto2011

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