Armstrong y las ciencias ocultas

ALBERTO D. PRIETO

armstrongPruebas sólidas. El Tour de 1999. Sangre manipulada conscientemente. El Tour de 2000Acusación formalEl Tour de 2001. EPO, transfusiones. El Tour de 2002. Posesión, tráfico y administración de sustancias prohibidas.El Tour de 2003. Johan Bruyneel. El Tour de 2004. Michele Ferrari. El Tour de 2005

Dopaje masivo, sistemático o, como se dice ahora, sistémico. En todo caso, una conspiración para hacer de la trampa un método, amasar triunfos; y con ellos, contratos jugosos; y con trofeos y riquezas, criar una fama universal que alimente el mito eternamente. Ser inmortal, ser leyenda.

De eso acusan a Lance Armstrong, ganador de siete Tours de Francia consecutivos. Siete. ¿Lo hizo? Siempre hubo rumores, como los ha habido con todos los grandes campeones, eso no es certeza de nada. Pero ¿fue tramposo? ¿Lo fue sistemáticamente? ¿Se basa su mito en la realidad del esfuerzo extenuante sobre un asfalto escarpado y bajo un sol abrasador? ¿O su molinillo criminal subiendo puertos se debía a ciencias ocultas? ¿Es cierto que tenía una potencia sobrehumana en las etapas contrarreloj o por sus arterias circulaba sangre enriquecida? ¿Ocultó algo Armstrong? ¿Lo hizo durante toda su carrera? ¿Siempre? ¿Todos los días? ¿En cada control?

Lo de Armstrong, el lío, se esperaba porque le venían buscando desde hace años. Pero no deja de sorprender, porque nunca le habían podido enganchar. Su fama, sus gestas, su carácter, su arrogancia, su superioridad, su ambición, su cáncer, su regreso triunfal, su retirada en lo más alto, su depredadora vuelta a la carretera… A todo se le buscó doble intención. Pero nunca se encontró.

Es un personaje fascinante. Y no lo dejará de ser porque le desposean de sus triunfos. Cuando pillan a un ciclista, los que disfrutan del espectáculo del Tour lamentan, decepcionados, en la barra del bar ‘…es que todos van puestos de pirulas hasta arriba…’. Pero cuando es caza mayor, cuando el trofeo es un elefante, atribuyen sus triunfos sólo a la química. En ese momento, como por arte de magia, sólo él es el dopado. Y deja de contar su sudor. Eso es injusto.

indurainNadie sube el Tourmalet con un plato de espaguetis, dijo una vez Escartín, aunque quiso la leyenda que la frase se le haya atribuido aIndurain. Será por eso, por su grandeza. A Miguelón, como a Escartín, y también aContador hasta que fue condenado (y, en su caso, quizá incluso después, dados los enormes agujeros legales de su proceso), los paso por el mismo decálogo que al americano, como a todos los que aún son inocentes:

1. Armstrong es leyenda.

2. Jamás dio positivo. Jamás.

3. Es inocente mientras no se demuestre lo contrario.

4. Se revisa con técnicas de 2012 hechos de 1998.

5. La cosa va menos de Justicia que de justicieros.

6. Su antipatía extrema le granjeó enemigos.

7. Sus victorias, envidias.

8. Su enorme riqueza, amigos interesados.

9. Todos ellos se han unido ahora al olor de su sangre.

10. Si le cazan, ¿el seguirte en ser ‘revisado’ será Indurain?

Publicado en Periodista (Y) Colegiado el 14junio2012

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