Huevos revueltos, la historia de Yesterday

ALBERTO D. PRIETO

Cuando la escribió, pensó que era una copia. Cuando se escuchó tarareándola, se dijo: es demasiado buena. Incluso para mí. De hecho, cuando se la había mostrado a John, aún en pijama en ese ático de la calle Wimpole, al acabar de esbozarla sobre el piano, le preguntó. Y nada. Después, con la maqueta grabada fue de estudio en estudio. De músico en músico. De productor en productor. Seguro que esta pieza no es mía, fijo que alguien la ha escrito antes, ¿verdad?

Paul-McCartneyAquélla fue la primera canción de un beatle que se hizo sin los otros beatles. Paul se lo guisó y se lo comió todo el solito. Machacó a sus compañeros tanto durante semanas, sin sacar de ellos nada que lo satisficiera, que los dejó de lado a la hora de grabar. Apostó por esta melodía como nunca antes, no me la toquéis, es cosa mía. Y sus compañeros respondieron celebrando a escondidas el castigo del jefe. George Martin pensó que si en ese corte la aguja solo iba a rascar el sonido registrado por Paul McCartney y un cuarteto de cuerdas, no cabían riesgos: había que colocarla la penúltima del disco. No imaginas un sitio más humillante para una canción, colega.

Huevos revueltos. A eso olía aquella mañana de 1965. A huevos revueltos. Claro, a qué va a oler en una casa del centro de Londres a esa hora. A desayuno. Y pese a ocupar la habitación de invitados, en el desván, Paul podía percibir el inconfundible aroma mientras barruntaba las notas en su cabeza y trataba de fijarlas sobre las teclas blancas y negras. Pelo revuelto, ideas confusas, una genialidad abriéndose paso.

‘Yesterday’, la canción más trillada del planeta, la más estándar dentro del repertorio del grupo de música pop más universal, esa pieza que parece que está ahí de toda la vida, marcando el paso, fue en realidad una revolución. Nunca se había hecho algo así. Tan sencillo, tan básico. Y a la vez tan distinto. ¿Pop con violines y violas? Hasta la fecha, la primavera de 1965, los cuatro chicos de Liverpool habían limitado sus innovaciones a recortar un poco sus flequillos, a descalzarse alguna vez sus botas picudas… pero no habían perdido las esencias: música fácil, baladas de amor con armonías vocales, letras sencillas y algo de rock’n’roll básico. Pero esto era una cosa melancólica, de desamor, qué decirte Paul, casi hasta filosófica.

—> Completa la lectura en JotDown

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