Platos, piñones y dientes

ALBERTO D. PRIETO

XavIker_300x200Me gusta el deporte. Me gusta leer sobre deporte, verlo, practicarlo, entenderlo, masticarlo, oírlo, escucharlo… Por eso sintonizo a Edu García cuando hay fútbol. Y a Héctor Fernández cada noche. Porque hacen periodismo honesto sobre la felicidad que nos regala este aspecto de la vida. A ellos les gusta el deporte y tratan de transmitirlo así: como una fiesta, un divertimento, nada grave, sin dobleces, sin ventajismos, sin que sea la cosa más importante de nuestras vidas. Ni siquiera de la suya, pese a que coman de su trabajo.

Por la misma razón, elijo a quién leo. Los hay que enarbolan la antorcha de la verdad, que presumen de tener el elixir de la eterna razón. Otros hablan tan sin saber, pese a sus años de experiencia, que se retratan cada minuto… el tiempo que tardan en decir una cosa y la contraria. Por eso prefiero a tipos como Sid LoweJuanMa TruebaLuisFer López… Con ellos aprendo no sólo de aquello de lo que escriben, sino de cómo lo hacen.

Dentro del propio deporte, y teniendo un equipo de mis amores como todos, soy más aficionado a Gasol que a los Lakers, a Xavi que al Barça, soy más de Casillas que del Madrid, y de Hombrados que del Atleti… o del propio balonmano.

Con Nadal es más fácil: compite por sí mismo y, cuando no, lo hace por mis colores inequívocos, los de España en la Davis. Además de que es un tipo tan admirable que hasta su modo de tomar café debe ser imitable.

Pero hay un deporte del que me siento orgulloso en medio del huracán eterno que lo sacude, una disciplina cuyas reglas son muy sencillas: el más rápido, el que más resiste, el más fuerte, el más listo, el que reúne todo eso, gana. Llevan décadas ensuciando el ciclismo, llenándole las venas de mierda, hinchando sus ruedas con gas mostaza, e hipertrofiando sus normas y noticias con corticoesteroides de ventajismo e intereses. El ciclismo y su fiesta mayor –el circo anual del Tour— son un coitus interruptus periódico. Cada año, cada mes, cada semana, cada día, a cada rato… no hay un golpe de rueda sin pinchazo.

Armstrong_300x198Hace una semana, encorbatados interesados dispararon un obús de indicios contra Lance Armstrong, un mito antipático, quien, muy digno, pasa de todo ya. Será culpable o inocente, pero dejará que lo despellejen sin mover un pellejo de su gesto. Porque ni dio jamás positivo ni la USADA le ha probado nada. Sólo palabras. Pero quien paga las copas y los cócteles ya se ha puesto nervioso y ha encendido su maquinaria de la hipocresía exculpatoria:

Nike dice que se siente engañada, pero pese a que le afea la conducta en público, ni le demanda a él ni a quienes acusan a la marca de encubrir sus trampas, además de que sigue financiándole bajo cuerda. Y ahora Rabobank, que nunca tuvo nada que ver con el americano, aprovecha la fuerte marejada para bajarse del barco en marcha. Dicen que no creen en el futuro del ciclismo… ¡basándose en un caso del pasado! Aprovechan un escándalo que estalla siete años después del último triunfo del presunto culpable para retirarse y ahorrar unos millones.

Dejen en paz el ciclismo. No lo enreden con más sospechas y rumores. O pruebas o silencio. Traigan la verdad o cállense. Una verdad irrefutable, justa, real, que no esté basada en componendas, amenazas, trampas o promesas mal cumplidas. Ni comunicados tramposos ni titulares de prensa envenenados. Hay también dopaje en la tinta que escribe las mentiras de las que se alimentan los aprovechados.

Déjennos en paz a quienes amamos y cuidamos el deporte, este deporte, a quienes lo defendemos de su propia basura. El ciclismo se está limpiando, mal que bien y poco a poco. Nunca estará inmaculado, pero ningún deporte lo está, acaso ningún aspecto de la vida, ni quienes lo glosamos estamos libres de culpa. Pero ni décadas de muertes, suicidios, drogadicciones, depresiones, podios mentirosos, carreras ganadas por el segundo y hasta el tercero de la clasificación oficial… han podido con este espectáculo hermoso de 198 tipos tostados y ahítos de aire dando pedales bajo el sol.

Indurain_300x225Ni Zulle, ni Pantani, ni Ulrich, ni Beloki… del 1999 a 2005 nadie pudo con Armstrong. El elegante Bugno se topó con el gran IndurainFignon el soberbio, con el incansable Lemond. Y Alberto Fernández con Caritoux. Del triunfo más grande al más pequeño, siempre hay trabajo, competencia, esfuerzo, honor. Si ninguno pudo con su rival en las carreteras, tampoco los abyectos doctores de la muerte ni sus cómplices que pisan moqueta vencerán a quienes sueñan con apretar platos, piñones y dientes para tocar la gloria.

Lo seguiremos contando.

Publicado en Periodista (Y) Colegiado el 19octubre2012

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