De Armstrong a Lance, pasando por Indurain

ALBERTO D. PRIETO

Claro que me hizo daño. A partir del tercer Tour me empezó a tocar las narices. Ese jodido yanqui lo iba a hacer. Y a fe que lo hizo. Cruzando sembrados, dándole al molinillo, aprovechando las gafas empañadas de un rival bajo la lluvia, tiranizando el pelotón. Un auténtico canalla, un insaciable, imperial, admirable, maravilloso, un dominador. Un cabrón antipático que, no sé muy bien por qué (ni muy mal; no sé por qué demonios), me hacía aplaudir ante el televisor mientras machacaba la memoria de mi dios.

arm_optGanar siete Tours seguidos es una burrada, una bestialidad, algo sobrehumano… Ahora ya sabemos cuán sobrehumano era, dirán algunos. Claro, qué fácil es hacer leña del árbol talado. Sí, talado. Porque a Lance Armstrong no le han demostrado nada. Han acumulado decenas de testimonios contra él.Testimonios de los mismos que hasta 15 días antes (y hasta después, en programas de televisión, grabados tras declarar ante la USADA) negaban haber consumido, haberse trasfundido o inyectado sustancias que les mejoraran ilegalmente su rendimiento. Pero no han acumulado más que indicios. Muchos. Innumerables y de distinta índole: correos electrónicos con asuntos qu levantan suspicacias, transferencias bancarias al doctor Ferrari. Una conexión con el ‘mal’ en fechas en las que había negado públicamente tener relación alguna con el mayor sospechoso de urdir tramas mafiosas de fármacos prohibidos… Sí, muchas piezas de puzzle que, juntas, insinúan jeringuillas y bolsas de sangre a los pies de sus históricos podios de París. Pero ninguna evidencia.

Se escuda la USADA en que al negarse Lance a defender su inocencia y declarar, no se han podido añadir nuevas pruebas contra Armstrong que ya tenían reunidas. ¿Nuevas? Querrán decir las primeras. Porque el puzzle no termina de encajar.

Bueno, admitamos que no es tan así. Encajar, encaja. Pero con huecos, faltan piezas, y no me convencen de lo contrario. ¿Por qué habrían de hacerlo? Yo sé lo que he visto. Yo sé cómo levantaba el americano remolinos de viento de la fuerza con la que daba pedales Tourmalet arriba. Yo lo he visto diseñar y ejecutar estrategias de zapa hasta agarrar a la presa y machacarla, he asistido a cómo arrasaba el asfalto dejando fuego tras él. Tierra quemada. Armstrong pasó por aquí.

Dicen que se dopó. Que diseñó la “más sofisticada y eficaz maquinaria de dopaje de la historia del deporte profesional”. Y quizá tengan razón, pero a mí no me importa. ¿No me importa?

—> Completa la lectura en Quality Sport

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