Extimado sr. Armstrong

ALBERTO D. PRIETO

“No en mi opinión”… y se ríe.

Oprah Winfrie, a cambio dios sabe de qué (o cuánto), se ha hecho con la exclusiva mundial. Periodismo. Bien: la verdad sale a la luz. Pero no resplandece. Esa sonrisa cabrona lo delata: está volviendo a jugar.

Sr. Armstrong, me ha robado usted el concepto de verdad. No es que yo creyera en su limpieza. Ni más ni menos que en la de ningún otro. Pero me rebelé ante la persecución a la que le sometieron, grité contra la condena que le impusieron, alegué públicamente en su favor. No por usted, sino por el respeto a la norma, al procedimiento: lo único que nos salva en un mundo lleno de trampas es que el que ha de velar por la limpieza siga el camino recto.

Y con usted no lo hicieron: lo condenaron sin pruebas. Simplemente, rodeándolo de testimonios de unos cuantos (muchos) ex compañeros. Ninguno se jugaba nada. Ése era el trato: lo delataban a usted y quedaban libres. Ni siquiera perdían el dinero que amasaron dando pedales para sus siete Tours de Francia

Esa combinación de delito prescrito y confesión inmune es un cóctel tan destructivo para la Justicia como lo ha sido para el ciclismo el que usted tomaba para machacar rivales en el Alpe d’Huez o camino de Gap.

Acusador_300x179Cierto que no le han perseguido con menos saña que aquélla que usted se gastaba con quien hizo ademán de señalarle con el dedo acusador. Usted me ha traicionado. Así que, por alusiones, le diré hoy que, desposeído de sus triunfos, su sonrisa de matón lo desviste de la poca majestad que le quedaba. Porque es poca la honra de quien sólo cuenta la verdad cuando le han cazado. Menor es la dignidad del que, además, lo hace por interés. Pero es ninguna la gallardía de quien admite su pecado cobarde y chulescamente.

La Justicia así no es tal. Es sólo una pelea salvaje: y usted, fiera herida, luce el colmillo de quien anuncia la sangre ajena sin percatarse de que es la propia la que huele. “No en mi opinión”, insinúa, deja caer, advierte, amenaza… Chamarilea con la verdad como en un zoco, lo mismo que hicieron para condenarle. Y de aquello no ha aprendido usted nada. La verdad no se utiliza, la verdad no es un método, la verdad es el camino.

Extimado sr. Armstrong, sus insinuaciones amenazantes pervierten su palabra y corrompen todo lo que venga después: no sólo hacía trampas, es que quiere seguir haciéndolas desde el patíbulo.

Sinceridad total o silencio. Déjenos en paz.

Publicado en Periodista (Y) Colegiado el 18enero2013

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