Diarios metadona

ALBERTO D. PRIETO

#crisis #prensa

Todo empezó cuando nadie enseñó a valorar el trabajo, cuando decíamos –nosotros mismos, periodistas– que la carrera era un cursillo, y no mentíamos del todo al decirlo, pero tampoco nos indignábamos en las calles por ello. Sí contra la masificación (que atestaba la cafetería) o el alza de tasas (que pagaban nuestros padres). Pero nunca contra aquellos profesores que nos robaban trabajos para publicarlos como libros, en protesta por catedráticos de rostro desconocido, molestos por los requisitos extraoficiales en ‘francés’ para conseguir una beca Erasmus.

Nunca pedimos calidad.

Luego nos hicimos profesionales. Nos jactábamos de poner nuestra nombre algunos papeles más allá de firmas con prestigio sin mosquearnos demasiado tras leer los textos en bruto de algunos de ellos. Jamás revelamos en público que ésa era una farsante. Ni desenmascaramos a aquel prestigioso reportero que confió más en internet como fuente de inspiración que como posible delator de sus copisterías. ¿Para qué arriesgar si nuestra firma lucía junto a la de ellos? Todo se quedaba en chascarrillo de redacción.

Tampoco nos exigimos pureza.

Poco a poco, nos maceramos en ese aguachirri comodón y todo empezó a degenerar. Una información costosa, trabajada, contrastada y elaborada con mimo y semanas vendía igual que unas comillas sacadas más o menos de contexto. No importaba qué se publicara, porque se vendía. El público tenía la inercia, la confianza de creer en lo que saliera bajo esa cabecera prestigiosa. Y alguien empezó a creer que era la mancheta la que vendía periódicos, no los periodistas. Pero el crédito de la fama dura menos que el del dinero. Y cuando éste se acabó, de lo otro no quedaba.

A nuestros capos no les miramos el pedigrí.

La cuesta abajo de las ventas, que ya había empezado, se pronunció. Y se despeñó. Los empleos de nuestros compañeros se precipitaron al vacío, porque había que reducir costes, nuestra estructura era de cuando la sobredosis de ventas y publicidad. Y los que íbamos manteniendo el puesto, tras cada ERE, calmamos nuestra ansiedad con la droga adulterada de un sueldo a fin de mes. No quisimos ver que a menos periodistas, menos periodismo.

Y en realidad ya casi no importaba. Todos, periodistas, lectores y dueños hace tiempo que no pedimos buen género. Sólo una dosis, e ir tirando.

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2 pensamientos en “Diarios metadona

  1. Excelente análisis. Valiente, sincero y constructivo, pero creo que nos lo debemos aplicar todos, no sólo los periodistas. De cualquier experiencia debemos sacar algo positivo. Ojalá esta crisis nos ayude a todos a valorar la formación, el rigor, el trabajo, la nobleza… a lo mejor no estaríamos donde estamos si nunca los hubiésemos despreciado.

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