Jonás, de vuelta de la desgracia

ALBERTO D. PRIETO

Entre taquillasHoy huelo así de bien porque Jonás me ha dejado su colonia. Mientras me duchaba me ha parecido oír que le llaman ‘el Géiser’, no sé, pero podría ser. Así parece cuando entra al vestuario, que un torbellino de vida irrumpe entre las taquillas.

Es camionero en paro. No se lamenta, al contrario, da la vuelta a la desgracia: “mira, al menos no tengo hijos que mantener, como tú”. Y entonces te pone en situación, con su verborrea incansable: “porque por un hijo, si ves que le falta el plato, te pones en lo que sea, ¿que no? Robas, te haces chapero, lo que haga falta”.

Hace años fue toxicómano Jonás, “de lo malo, del caballo”, y ahora se pega cada mañana en el ring del gimnasio para sacar la mierda. “Mira, yo no digo que fui yonqui, digo que lo soy; no me fío ni de mí mismo. Ahora estoy genial, desde hace años no me meto y tan feliz, pero claro que tienes momentos…”

Es de los que pierde el tiempo en dar los buenos días y las gracias; y en pedir disculpas mirando a los ojos. Y eso que con 34 años y ese historial, el carácter inquieto de Jonás podría ser un bomba cebada cada día entre las cuerdas del gimnasio del barrio, “porque es que hay mucho hijo de puta suelto, mucho mediahostia que va provocando…”. Y te ríes, entre barbaridad y burrada, porque te lo imaginas echando humo por la nariz como un toro de dibujos animados. “Yo sé dónde darte con un dedo para que te recojan con cucharilla. Precisamente por eso no lo hago, sería como tirar de winchester en el Oeste. Y además está mi historial…”

Es curioso, a él no le pesa, pero sabe bien que su hoja de servicios será siempre utilizada en su contra. También eso lo tiene asumido, “dos más dos son cuatro, amigo” y entonces te explica, ofreciéndote la colonia, que se lo debe todo a sus viejos. “Ellos me ayudaron a salir del jaco, y ellos me han acogido ahora en su casa… fíjate, 34 palos y otra vez a jugar con los clicks”.

“Joder, qué bien huele”, le dices agradeciendo la Hugo Boss. “Ya puede oler, con lo que cuesta…” Y te dice que te eches más, que tiene tres botes, y que se los han traído sus viejos desde Uzbekistán, que el Duty Free estaba barato y tal. “Mi padre dice que ‘leer y viajar’. Y cincuenta y tantos países conoce ya… A ver si llego yo como está él a los 76 años”.

Estoy seguro, tío. “Ahora me voy a la piscina, con mi novia”, se despide, “que tengas un buen día”.

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