¿El mundo feliz era esto?

ALBERTO D. PRIETO

Se repite estos días que por fin se han dado cuenta los mercados de que en España hay mayoría absoluta. Recuerden el verano pasado, cuando bastaba un estornudo de alguien tan lejano como Papademos o tan irrelevante en España como Passos Coelho para que nuestra prima de riesgo repuntara como la fiebre de un moribundo.

Turismo o Revolución? _ 19mayo2011

Turismo o Revolución? _ 19mayo2011

Sin embargo ahora, ya puede cantar Bárcenas la Traviata en la Audiencia, ya pueden los astilleros estar a punto de añadir 80.000 parados más a los seis millones que nos contemplan o reírse en público el FMI de las previsiones del Gobierno que aquí no pasa nada.

Y no digo en la calle, que nunca pasa, y cuando hubo movimiento quedó desgraciadamente en una mera acampada primero folclórica y luego onanista. Digo en los despachos del poder. 

Hace poco más de un año, la porosa estructura de la democracia romana permitió la caída teledirigida del bufón que, ejerciendo su libertad de equivocarse, habían elegido por tercera vez los italianos. Se lograba, así, dar paso a un ‘outsider‘ de pelo cano y gafitas que enderezara la nave transalpina. Todos celebramos el golpe, le llamamos professore y lo aplaudimos como aliado en la galera hacia el infierno. El precio era que, aquí, el tipo que gobernaba con la legitimidad del voto se fuera plegando a un rumbo que le dictaban por videoconferencia.

Ha sido así como todo ha encajado. Ya no hace falta en Italia que gobierne quien no se había presentado jamás a las urnas; es más, cuando lo hizo su apoyo fue irrelevante. Y aquí, en España, ya podemos imprimir portadas como terremotos, que ahora que la sociedad duda con serios indicios de la legitimidad del Gobierno, será su docilidad a los dictados del capital la que lo sostenga.

Y sin vergüenza alguna de que así sea, oigan.

Es otro guion, pero como pasó con Italia hace poco más de un año, es precisamente nuestra escasa transparencia lo que cotiza al alza en los mercados. Cuando la democracia se limita al voto, los poderes no se contrapesan sino que se confunden y todos tenemos más miedo a perder lo poco que nos queda que a luchar por lo mucho que nos quitan, entonces es un mundo feliz. El de Aldous Huxley.

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