Un buen día para matar ratas

ALBERTO D. PRIETO

Línea-mortal-1Hollywood es muy simple. La luz de color rojo indica algo prohibido. Meterse con una niña negra en el cole es el mal de todos los tiempos, aunque tú también tengas diez años y te importe una mierda el color de su piel. Ser el líder de los malotes del barrio te marca la vida. Y, por supuesto, el sexo tienta al macho y las drogas acaban con la vida del mayor héroe que una chica pueda imaginar: papá.

Parece mentira que tengáis que jugar con la muerte para daros cuenta de eso, tontolabas. Y que no sepáis de antes que la redención solo viene del Altísimo. Y que el ser humano es pecador por naturaleza. Tiene guasa que no identifiquéis al gordito del grupo como el depositario de los valores primigenios y del orden natural. Si siempre es así…

En las pelis de los grandes estudios, además, no falta —como en la vida misma, que la vida es un guión de cine— la tensión del triángulo amoroso. Una chica objeto que debe decidir entre las dos opciones que, más o menos exageradamente, se le presentan para el lecho: el riesgo o la sensatez, la transgresión o la redención. El polvo salvaje o el matrimonio de toda la vida de dios. Y claro, chicas, optaréis por la salvación. Con diversas variantes, tras probar el fruto del pecado o sólo desearlo, y con una presentación cada vez más forzada de los estereotipos masculinos, unos tíos crecientemente simples, y de la guapa chica —siempre tiene que ser guapa, eso sí, que a nadie le interesa atisbar la teta de una protagonista feúcha—, cuyo estereotipo se va llenando de matices con los años: es verdad, ahora, además de tetas, tiene culo.

Con este cóctel y un par de banderas de barras y estrellas a 24 fotogramas por segundo, basta con hallar un escenario —al menos, en parte— novedoso para parir un blockbuster. Y así, hace ahora 23 años, antes de dar hostias como panes en la piel de Jack Bauer, Kiefer Sutherland tuvo que pedirle perdón desde un árbol a Billy Mahoney. La peli se atrevía a indagar sobre la vida y la muerte, qué mejor escenario para meter a Dios, al pecado y todo eso —más jodido lo de las banderas—, y daba un saltito adentro en la frontera que todos querríamos visitar con billete de vuelta: la del túnel con luz al fondo y música de violines.

Más allá de que a mí lo único que me inspira de la muerte es que por fin podré ver a Lennon en directo —y a Hendrix, y a Freddy, y a Jacko… que se jodan los violines—, es cierto que hace dos décadas era un adolescente como todos los demás e hice cola en el Novedades para ver Línea mortal.

Una generación de actores jóvenes, escenarios señoriales, noche y lluvia, cementerios, un argumento curioso… y un tráiler en el que se sugería el sujetador de Julia Roberts.

Había una guapa.

La peli se iniciaba…. –> Completa la lectura en JotDown

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