El Faisán y la confusión de poderes

ALBERTO D. PRIETO

Pacto de Estado #DivisiónDePoderes #PPSOE

Pacto de Estado #DivisiónDePoderes #PPSOE

Todo policía tiene un soplón, igual que todo juez ideología, pero la cosa no es reversible. O no debe.

Salió esta semana la sentencia del Faisán, cuya tesis se basa en que el fin justifica los medios. Pero no aplicada a los polis chivatos, sino a los jueces de toga empolvada.

Discrepo con mi periódico en su queja por las formas del asunto. Yo sí creo loable lo que pretendían esos Pamies y Ballesteros: actuaban en defensa de un bien mayor; equivocada o acertadamente, hicieron lo que hicieron pensando en acelerar el fin de ETA. La sentencia así lo constata, cuando atribuye a una intencionalidad benéfica su conducta delictiva.

Pero precisamente por ello, coincido con mi periódico en el fondo: debieron ser condenados por colaboración con banda armada, porque eso fue lo que hicieron.

La ley se hace para ser aséptica, pulcra, matemática. El código penal debe ser objetivo y su aplicación objetivable. Así para las desahuciadas que usan tarjetas de crédito furtivas para comprar pañales como para los policías que trapichean con un delincuente para cazar a su capo. Suele ser costumbre en estos casos que los jueces condenen y en la misma sentencia pidan el indulto, parcial o total, del sentenciado.

Así debió de haberse hecho aquí, por el bien de la separación de poderes.
Pero igual que se prefirió soplar a ETA una operación en lugar de abortarla para no recibir preguntas incómodas, en este caso se ha preferido redactar una sentencia tramposa que evite al Gobierno la incomodidad de las explicaciones públicas.

Hoy por ti, mañana por mí, que ya llegué al poder usando esto como ariete… y ahora qué más da.

Estamos acostumbrados a que la muerte de Montesquieu venga por la injerencia política en el ámbito judicial. Y parece ser que, de tantas transfusiones desde nuestra partitocracia, las puñetas judiciales se han manchado por el camino de la confusión de poderes y, así, el tribunal sentenciador ha acabado haciendo política en lugar de justicia.

Al final, en el Faisán todos han hecho política y a todos se les ha visto hacerla, menos a los políticos, que han usado a polis y jueces como personajes de un vodevil cuyo final era más previsible que el de Rodrigo Rato.

Así, ellos, los políticos de verdad, pueden seguir a lo suyo: ese Sálvame Deluxe del Congreso cuyos brillos y gritos ocultan las cloacas mientras intoxican el debate público con las cosas que de verdad entretienen al personal: arrojarse los ERE, reprocharse los Bárcenas, y mentarse los Palaus….

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