5 años sin Michael Jackson: Bad

1987 (vitíligo, operaciones estéticas)
11 canciones – 142 aullidos, 259 gemidos, 36,45

 

ALBERTO D. PRIETO

Entre el éxito arrollador de ‘Thriller’ y su heredero ‘Bad’, además de cinco años pasaron varias rinoplastias, una decoloración evidente de la piel y un creciente convencimiento íntimo en Michael Jackson de que él siempre tendría razón. En parte, porque nadie se atrevía a discrepar; y en parte, porque hasta el momento, siempre acertaba. Contrariar a Michael significaba dejar de estar en el círculo íntimo de la mayor gallina de los huevos de oro de la industria musical; y abandonar al tipo que con cada excentricidad fabricaba millones no era buen negocio.

De modo que cada vez que Michael llamaba a su cirujano para acordar un nuevo cincelado, alegando la quemadura del anuncio de Pepsi o sin necesidad de excusa, el doctor Steven Hoeffin se limitaba a fijar fecha y facturar sus servicios.

Esa actitud poco hipocrática era la misma que seguían los padres de los niños a los que Jacko invitaba a casa -anónimos o famosos, como Emmanuel Lewis, protagonista de la serie de TV ‘Webster’- o las mujeres maduras que se le arrimaban para sentirse más jóvenes, se llamaran Liza Minelly, Jackie Onassis o Liz Taylor.

Vistas hoy se acumulan a las de después, pero entonces aquellas excentricidades del divo formaban todavía parte de su show vital y así las tomaban los fans. Más que entenderlo como un loco, los seguidores de Michael Jackson reconocían en él a alguien sin igual que sin duda estaba abriendo un camino distinto en su relación con la industria, los medios y el público. Nadie le reprochaba que diera entrevistas por persona interpuesta o que en las conferencias de prensa con sus hermanos no abriera la boca. Simplemente, él era así y todos lo adoraban, de modo que tocaba aceptar, aplaudir y pasar por caja.

El aspecto de Jacko en la portada de ‘Bad’ era el de un tipo que jamás se diría que había sido negro, y de quien incluso se podría decir que tenía cara de chica. Y pelo de chica. Y cuerpo de chica.

Ya por entonces, sus amigos -si los tenía-, sus hermanos -aquéllos con los que se hablaba y los que no-, algunos empleados -a escondidas- y psicólogos más o menos avezados aseguraban que Jacko estaba empezando a perder el control de sus caprichos. Los más visibles, los de su apariencia física. Cremas decolorantes poblaban su enorme armario de cosméticos. En 1988, publicó su primera autobiografía, ‘Moonwalk’, en la que admitió haberse retocado la nariz una vez y negó todo lo demás, por muy evidente que fuera, y en la que reveló que dos años antes le habían diagnosticado vitíligo, una enfermedad que le provocaba manchurrones blancos en la piel. Y que “el maquillaje simplemente ocultaba las imperfecciones”. Lo que no explicó es por qué el ‘maquillaje’ tenía que ser blanco, y no de su color natural…

Era ya el momento de dar su propia versión, tan honesta como aquella contraportada del ‘Diana Ross presents the Jackson 5’, de su cambio de aspecto.

Fue en los albores de este trabajo que se le había visto por primera vez con mascarilla clínica. Todo venía a causa la enésima operación, en este caso para esculpirse un hoyuelo en la barbilla. Aunque muchos lo atribuyeron a la debilidad física que anunciaba su delgadez extrema, o a excentricidad, o a que quería borrar cualquier vestigio de parecido con su padre cuando mirara al hombre del espejo.

Ese chico acomplejado y paliducho, en los negocios era un joven decidido, un tiburón del escenario y las finanzas. Antes de cumplir los 30, acababa de comprarse el catálogo de los Beatles por 47,5 millones de dólares gastando quizá la mitad de su fortuna y la amistad que había forjado con Paul McCartney años atrás. El propio beatle le había revelado el secreto de las inversiones editoriales en música: “Michael, esto da pasta, y esto es de lo que sabemos”. Tras la traición, Mike quiso llamar a Macca… pero éste colgó y ya nunca más se llamarían así. Ni de ningún otro modo, se retiraron el saludo.

El elepé no alcanzó las ventas de ‘Thriller’ pero rebasó ampliamente las 30 millones de copias en todo el mundo. Eso sí, batió otros récords: tuvo cinco singles número uno seguidos, algo antes inimaginable; Epic lanzó como sencillos 10 de los 11 cortes del disco, una marca inigualada… Y contó con colaboraciones impresionantes, del nivel de Stevie Wonder -en el maravilloso empaste de voces de ‘Just good friends’– y Martín Scorsese -director del videoclip de la canción que daba título al álbum-.

5 años sin Michael Jackson
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