5 años sin Michael Jackson: Invincible

2001 (43 años. Delgadez extrema, desapego a la realidad)
15 canciones – 210 aullidos, 448 gemidos, 43,86

 

ALBERTO D. PRIETO

El último trabajo de estudio de Michael Jackson en vida es del año 2001, cuando con 43 años había vivido el éxito desde hacía más de tres décadas y, pese a que la última estaba siendo un continuo descenso. Aun así, y a pesar de la nula promoción del álbum por parte de Sony, dueña de CBS, matriz de Epic, el álbum facturó alrededor de 13 millones de copias.

Pero lo que para cualquier artista sería un sueño inalcanzable, para Jacko fue un sonoro fracaso. Comparado, no con los 100 millones de copias que hay quién dice que vendió ‘Thriller’ -con seguridad, más de 65 sí fueron- pero sí con los 15 millones de su anterior trabajo, un disco esencialmente de remezclas, el resultado era decepcionante.

Claro que se juntaron todos los elementos. Sony estaba comprometida a darle a Jacko lo que pidiera para la producción del disco. Y él a sacarlo, por contrato. Pero ni él creía mucho en la compañía ni la casa en él; al menos en los términos en los que el divo trabajaba: dinero sin fin para alimentar su perfeccionismo y control absoluto del producto. Así que Sony decidió no promocionar convenientemente el disco. Era precisó un ‘accidente’ así para que las cosas pudieran cambiar en su relación con el otrora rey del pop…

Además, la decadencia que anunciaban una recopilación y un disco de autoversiones seguidos vino a confirmarse en un trabajo no malo, pero sí falto de personalidad definida. Jackson quiso adentrarse en nuevos estilos y el álbum, que en realidad era su regreso con material total y exclusivamente nuevo desde ‘Dangerous’ 10 años atrás, no cumplía con las expectativas, no hacía que los desenganchados volvieran a subirse al carro y no convocaba a nuevos fans.

Porque las baladas eran muy largas y densas, porque los temas de r’n’b no estaban bien colocados. El empeño de Jacko en componer, interpretar y producirse un trabajo tan distinto no funcionó, porque el mismo no acertó con el cambio o porque ese cambio no era para él…

Curiosamente, este trabajo que buscaba un giro en su sonido y en el que de hecho Jacko regresa a la melodía cantada en muchos de sus cortes, es el primer disco en el que la cadencia de aullidos y gemidos desciende. El primer disco que no llama la atención en mucho tiempo, o no lo suficiente, es justo aquél en el que el divo trata de hacer algo distinto a lo que se espera de él. La decepción debió de ser el golpe definitivo a su personalidad quebradiza.

El caso es que Sony prefirió dejarlo caer y MJ montó en cólera, ejerció de negrazo cuando más blanco (o blanca) había logrado ser y acusó a Tommy Motolla de “malvado y racista” y de “maltratar a sus artistas afroamericanos”. Esta reacción no ayudó precisamente a Jackson, ni directamente con su casa discográfica, ni indirectamente con la audiencia, ya demasiado acostumbrado a que en él nada fuera normal, y curado de indulgencias tras el escándalo de la pederastia. El público no atendió. NI a sus lamentos ni al disco.

Nadie parecía dispuesto a hacerse cargo del muñeco frágil que se desmembraba a ojos vista del mundo entero. Pese a eso y al nuevo caso de abusos a menores en 2005, la ‘franquicia’ Michael Jackson continuó haciendo dinero en los años siguientes: con el artista ya apartado de la industria y dedicado el a, de sus tres hijos, la reedición especial 25 aniversario de ‘Thriller’ fue un éxito en un mercado que ya sufría la enorme crisis de la digitalización y la piratería.

Hay que recordar que el ‘Invincible’ es prácticamente un disco de una era anterior a ésta: cuando se publicó aún no habían caído las Torres Gemelas, aún nadie imaginaba que un negro ocuparía la Casa Blanca, todavía no se podía aventurar cuán dura y larga sería una crisis financiera a nivel mundial que en realidad ni siquiera se anticipaba…

Y que desde su publicación, Jacko estuvo desaparecido, lamiéndose heridas, acumulando frustraciones y botes de calmantes, gastando millones de dólares en un tren de vida insostenible. Hasta aquella rueda de prensa en la que se comprometió a volver a entretenernos como nunca nadie lo había hecho, en la que calmó un largo mono de una droga largo tiempo aparcada, la del escenario, y cuya sobredosis de ensayos y producción para cumplir a la perfección, como siempre, en ser siempre el mejor, un ganador contra sí mismo, lo acabó matando. No. No iba a llegar. Y sí, eso fue todo.

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