5 años sin Michael Jackson: Off the wall

1979, 21 años, libertad: Quincy Jones, su música empieza de verdad
10 canciones, 85 aullidos, 197 gemidos: 28,2

 

ALBERTO D. PRIETO

En algún momento de su carrera, Michael Jackson fue coronado como el rey del pop. Y muy probablemente no por ser su máximo representante, sino por haber abierto una nueva varilla en el abanico de ese indefinido estilo musical, y por haberlo hecho aunando un éxito arrasador de la crítica, el público y, sobre todo, los medios.

La revolución que siempre supo anticipar Jacko, la ambición por entretener y por ser el mejor en todo, el primero en todo, el que más en todo lo que se le pusiese por delante, eclosionó en un momento en que la industria musical era un negocio con unas rentabilidades exponenciales para un producto de éxito.

Jackson supo ver eso más y mejor que nadie. Y puso su talento infinito en la misma longitud de onda que su ambición desmedida. Su salto de la Motown a Epic -filial de CBS- y la libertad creativa que halló en esa nueva casa le permitieron elegir productor, Quincy Jones -con quien había trabajado en la fracasada adaptación negra al cine del Mago de Oz-, y junto a él dar a luz un elepé perfeccionista y fresco, elaborado y directo.

El resultado fue un nuevo sonido, producto de su herencia negra, su ejecutoria personal y la apertura de caminos inexplorados en la producción y su envoltorio. Michael huía de un andamiaje de personalidad lleno de inseguridades y halló refugio en la música, una disciplina en la que pisaba con aplomo innato.

Quincy Jones ejerció entonces de auriga y quizá hasta de figura paterna. A saber. Pero el estímulo que para el artista supuso la ambición infinita del productor y la visión clara por parte de éste de que estaba ante el mayor diamante en bruto con el que se toparía jamás obraron la magia.

El disco se iniciaba con un recitado suave y un aullido brutal que anunciaba el exitazo bailable de ‘Don’t stop till you get enough’: un corte que superpone innumerables pistas de instrumentos y de voz que entran y salen del espectro sonoro. El disco, que ya incluye canciones cuya base rítmica es la habilidad gutural de Michael, vendió más de dos millones de copias en todo el mundo y presentaba en portada un chaval joven y guapo, feliz y de esmoquin, alejado del relamido protagonista de sus discos anteriores. Empezaba la fiesta y con ella, el cambio definitivo en su personalidad.

5 años sin Michael Jackson
Primeros años: infancia y Motown
Thriller
Bad
Dangerous
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Blood on the Dance Floor
Invincible

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