5 años sin Michael Jackson: Thriller

1982 (24 años, identidad personal y sexual, el poder)
9 canciones, 108 aullidos, 99 gemidos, 23

 

ALBERTO D. PRIETO

Después de darle la vuelta al rythm and blues con ‘Off the wall’, quisieron el más difícil todavía y juntos Quincy y Michael hicieron brillar ese diamante en todas sus innumerables facetas: compositor, intérprete, actor, showman, coreógrafo, bailarín, arreglista, modelo, icono y marcador de tendencias. A cambio. Del mejor contrato de la historia de la música -un 37% de los ingresos por copia acabarían en las manos de Jacko-, parieron ‘Thriller’, que no era un disco solamente, sino un punto de inflexión, una obra insuperable llena de números uno, de ‘standards’ que marcarían toda la música pop venidera, contrataron a un súper director de Hollywood, John Landis, para que les hiciera un videoclip que no fuera un videoclip, sino un cortometraje con planteamiento, nudo, desenlace, moraleja y trampas, y con él le dieron un sentido para esa tele que estaba empezando, la MTV, que parecía una buena idea sin negocio a la vista hasta que Michael Jackson dijo ‘éste es el camino’.

Y ahí eclosionó todo.

Cuando éramos pequeños los que éramos pequeños en los 80, todos tuvimos un vecino que nos repasó por la cara el regalo de reyes de aquella Navidad en que vimos el vídeo de ‘Thriller’ por primera vez: un órgano de ésos que reproducían lo que veíamos en el ‘Tocata’ de la tele: un montón de ritmos de chocolatina sonora para seleccionar y tocar por encima. Y, qué demonios, las listas de éxitos de los 80 era un poco eso. Lo que ocurre es que en el caso de Michael Jackson, su hiperplasia musical, lo impulsaba a coger todos esos sonidos prefabricados, desmenuzarlos y ponerlos en un orden combinado indescifrable de estéreos y superposiciones, sólo perceptible en todos sus matices utilizando auriculares.

Como quien huye del silencio, llenando todos los poros sonoros entre guitarras, bajos, sintetizadores, baterías, vientos y coros, el álbum que lo entronizó es un ejercicio agradecido para quien quiera hacer espeleología por sus cortes. Cuanto más profundo escuchas, más capas de sedimentos hallas. por eso el trabajo de estudio y posproducción llevó siete meses -una barbaridad para la época- y se retrasó su salida al mercado hasta que el disco estuvo redondo. Por eso en un solo año se convirtió en la publicación musical más vendida de la historia, y todavía lo es, con más de 65 millones de copias vendidas.

Jacko sabía que habían hecho magia y por eso, cuando Quincy le anticipó un éxito mediano -“el disco es bueno, Michael, pero no creas que vaya a vender más que ‘Off the wall'”-, el genio bueno mostró todo el reverso tenebroso de su fuerza. Para eso no había trabajado, así que si las expectativas eran tales, prohibiría la publicación del álbum y guardaría los más tres bajo siete llaves. Tuvo que arrastrarse el director de la misma CBS, Walter Yetnikoff, suplicando al divo y augurándole éxitos sin par al elepé para que Michael claudicara.

El tsunami de ventas, los récords de presencia en listas y de singles número uno, la pleitesía universal hacia él como ‘entertainer’ le confirmaron que todos sus caprichos estaban en lo cierto y él tenía razón, a partir de entonces habría que hacerlo todo a su modo. Ya tenía el control, ya era un ganador. Al mismo tiempo que podía despedir como agente a su padre, se estaba conviertiendo en lo que su padre quería para él.

Por entonces, Michael tenía 24 años. Era un chico guapo, rico y deseable para las féminas. Pero él nunca se sintió cómodo en ese papel. Tuvo amigas, sí, pero más basadas en el intercambio de frustraciones que de fluidos, y con ninguna de ellas consumó. Es más, su verdadero apoyo femenino por entonces fue Jane Fonda. Otra mujer madura, como la Ross, otra figura maternal, divina y admirada. Alguien fuera de su ‘mercado’, inconscientemente o no, con la que

Efectivamente, el niño no podía ser suyo. Ni el de Billie Jean ni el de cualquiera otra. De hecho, la que supuestamente -según él contaba- fue su primera novia, Tatum O’Neal, contaba 14 años cuando un Michael ya veinteañero se estremeció cuando ella simplemente le tomó la mano. Qué decir cuando la adolescente carnosa propuso bañarse sin ropa en aquella mansión en la que Hugh Hefner no preguntaba quién entraba ni para qué. Brooke Shields fue otra de las chicas con las que Michael confesó alguna vez haber tenido una relación, como las demás, cumplía dos condiciones: la primera, que conocía lo que era una infancia difícil expuesta a los focos de la fama; la segunda, que siempre negó haber tenido cualquier tipo de contacto carnal con el divo.

“No sé por qué todo el mundo me pregunta si soy gay”, lamentaba Jacko. “¿Es por mi voz suave? ¿Es porque no me aprovecho de las chicas? Simplemente, no lo comprendo. No soy gay, no podría serlo”.

Por supuesto que no. El protagonista de ‘Thriller’ publicó en ese elepé siete de nueve canciones dedicadas al amor de una u otra manera, siempre utilizando un evidente ‘she’ que dejaba a las claras su tendencia sexual, al menos la oficial. Y es que muchos eran los factores que le impedían ser “un homo”, como él lo llamaba. La primera y principal, que eran los años 70 y bastante tenía con ser negro en América. La segunda, y esencial, que su madre lo había influido profundamente con su fe de testigo de Jehová, credo que condena con las calderas del infierno a quien tiene esas conductas pecaminosas. Y la tercera, que el tema del sexo era tabú en su vida: el complejo de edipo con mamá se había tornado, a través del odio a su padre y su añoranza de la infancia, en un complejo narcisista a lo Peter Pan, según el doctor Paul Gabriel, psiquiatra clínico de la Universidad de NY.

Y de hecho, los dos cortes de ese álbum que no cantaban a las chicas lo hacían a alguna otra de sus obsesiones provenientes de la infancia: los miedos nocturnos (‘Thriller’) y la huida, cuanto antes, de un entorno hostil (‘Beat it’).

Si hacia fuera era una estrella poderosa, capaz de colar la Billie Jean hecha para la CBS en el homenaje a los 25 años de la Motown y poner boca abajo el Pasadena Civic Center, hacia dentro Jacko empezaba a ser un pequeño trastornado, que dormía sobre el suelo de una habitación poblada por cinco mujeres maniquí de diferentes razas: “son mis amigas, un artista nunca sabe de quién fiarse, con ellas puedo hablar”.

5 años sin Michael Jackson
Primeros años: infancia y Motown
Off the Wall
Bad
Dangerous
HIStory
Blood on the Dance Floor
Invincible

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