Phil Spector, el maldito ‘quinto beatle’ que resucitó ‘Let it be’

ALBERTO D. PRIETO
Se ha hablado infinitas veces del ‘quinto beatle’. Se ha llamado así a quien lo fue de hecho, Stuart Sutcliffe, en la época de Hamburgo, antes de que los ‘fab four’ tomaran la bandera de la prodigiosa década de los 60. También se le ha dado ese título insistentemente a George Martin, el mágico productor que los acompañó en todos sus discos… en todos menos en uno.

El 8 de mayo de 1970, se publicó ‘Let it be’, último disco y disco póstumo de los Beatles, porque una semana antes Paul McCartney ejerció el liderazgo unitario al que siempre había aspirado dando en público por finiquitada la banda. Y en ese trabajo no estaba George Martin a los mandos del sonido, sino Phil Spector, un loco americanocon fama de genio y maneras de dictador.

Si hubo un ‘quinto beatle’ en ese disco fue ese neoyorquino de ojos saltones que se instaló en los estudios de Abbey Road cargando con su muro de sonido, esa técnica abrumadora de superposición de pistas orquestales para crear un elemento unitario y compacto, una especie de pared poderosa sobre la que pintar la melodía del verso musical… un concepto muy efectivo y a veces algo desasosegante.

Sobre todo, para McCartney. Y sobre todo, porque Spector vino de la mano de Lennon. La pareja compositora más famosa de la historia de la música (y probablemente, la de mayores royalties acumulados) se venía rompiendo desde finales del 68, acabando las sesiones del ‘Doble Blanco’. La poderosísima personalidad de ambos, que hasta el momento había jugado a favor, estimulando a cada uno en lo individual para superar al amigo-rival, se estaba convirtiendo ya en una rémora, pues Lennon y McCartney maduraban como personas por caminos muy divergentes y ya no compartían objetivos ni musicales ni vitales.

Fue precisamente ese ambiente enrarecido de los primeros meses de 1969 en los que una cámara perseguía a los Beatles por el estudio lo que hizo que George Harrison llamara a su amigo Billy Preston, un teclista negro (afroamericano, se dice ahora) y prodigioso. Se conocían de los años de Hamburgo, en los que había quedado atrás la inocencia… y Stu, el amigo que, de algún modo, a todos unía. La presencia de Preston en la música de ese disco tan lleno de avatares fue tan poderosa que también ha sido bautizado como ‘quinto beatle’: su interpretación al órgano en ‘Get Back’, la canción que en un principio iba a dar título a todo aquel circo, fue tan determinante que le valió entrar en los créditos oficiales en su publicación.

Pero fue su presencia personal la que destensó la relación entre todos y, así, la película que se empeñaba McCartney en estrenar junto al lanzamiento del álbum, un filme en el que todos los fans pudieran asistir desde dentro al proceso de creación de un disco de los Beatles, podría contar con escenas de comedia. Por fin.

Finalmente, Lennon quedó a disgusto con lo que habían registrado en masters en esos meses del invierno de 1969. Eso y que todo era muy “de Paul”, así que logró que se aparcara todo el proyecto. Meses después, fu él quien llamó a Spector para que viera qué se podía hacer con ese material. Y a fe que lo hizo.

Número uno en ventas

Phil Spector se encargó de aportar su muro de sonido a ‘Let it be’. Y, pese a que ya no había Beatles cuando aquel viernes 8 de mayo los vinilos encarpetados en negro con cuatro fotos de cuatro Beatles llegaron a las tiendas de discos, el álbum fue número uno de ventas, y hasta ganó un Oscar a la mejor banda sonora.

Para subirse a lo alto de las listas, el disco póstumo de los Beatlesdesplazó, precisamente, al primer retoño de Paul en solitario. Su disco, de título ‘McCartney’ y publicado tres semanas antes, lo había grabado en los mismos estudios Abbey Road en los que, una sala más allá, Spector añadía capas y capas de arpas y vientos a las interpretaciones de los (ya no tan) ‘fab four’.

No hubo aspirante a ‘quinto beatle’ a quien menos ganas de colgarle esa medalla tendría jamás Paul McCartney, quien públicamente despreció el trabajo de Spector en ‘The Long and Winding Road’, una bella balada al piano que, desnuda sonaba íntima y, después del trabajo del productor americano, “apestaba” a oratorio sinfónico.

Así que 33 años después, se publicó ‘Let it be… Naked’, el disco“como los Beatles lo habíamos hecho”, dijo Paul. En noviembre de 2003, McCartney convenció al otro beatle vivo, Ringo Starr, logró que la casa discográfica EMI rescatara las cintas originales, desempolvara los masters, limpiara los sonidos, recuperara tomas viejas… y se borrara, finalmente, la obra de Phil Spector, ese maldito ‘quinto beatle’.

Publicado en elmundo.es el 8mayo2015

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