Jugar al parchís con Trotski en Cataluña

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En la resaca de las elecciones del 27-S Cataluña ha sido un ‘me como una y cuento veinte’. Un anuncio de que el parchís del independentismo iba a ser una partida larga en la que nunca ganarían los votantes a favor de la salida de España, sino el más listo moviendo sus fichas.
Balcón a balcón en Barcelona

se sucedían aún a la semana siguiente banderitas: desde la cuatribarrada a la de los països catalans –con su fondo azul bajo la estrellita blanca–, pasando por las tradicionales de estrella roja y triangulo amarillo.
Era un claro síntoma de las múltiples sensibilidades del catalanismo y quién sabe si de la escalivada ideológica y motivacional de quienes lideraban y seguían el ‘prusés’.
Hoy no se sabe si unos van a seguir o no junts pel sí, porque a lo mejor junts ya no es pot, porque la entente interesada ya no le interesa a Esquerra, porque CDC se hunde…
El partido de Mas nunca se ha presentado bajo sus propias siglas desde que se federó con Unió al inicio del autonomismo. Mientras que los de Duran ya han probado dos veces lo que es quedarse fuera, desde la eclosión del soberanismo.
Todos los independentistas han demostrado su interés más particular que nacional en estos meses. Se trataba de jugar al parchís entre ellos a ver quién tomaba ventaja y la consolidaba en las generales.
Pero a ellas no se presentaron los de la CUP que, confirmando que la coherencia les era rentable en su estrategia del todo o nada, han blandido así la llave en su poder, la que abría el despacho de Mas en el Palau de la Generalitat.
Ahora, con la dimisión exhibicionista de Baños, exhiben su vistosa coherencia anti española y anti sistema y desnudan a una ERC que sólo desea ser la fuerza catalanista hegemónica a través del sorpasso a Convergència. Y ésta es su ocasión: los de Mas aún no han podido cambiar de nombre… de cuya relación directa con el pujolismo corrupto (y éste sí hegemónico) huyen escondiéndola bajo la arcadia feliz de la república independiente.
La marca de Podemos, Catalunya Sí que es Pot, encajada en solitario en la opción del referéndum ha observado cómoda la jugada de todos. Y se ha comido en las generales las fichas posibilistas que siempre correspondían al PSOE, las del apaciguamiento al nacionalismo.
La partida del ‘prusés’ (esta partida) ha acabado en tablas entre el voluntarismo de la ilusion de Ciudadanos, la irrelevancia del PP y tras el no de la CUP a tragar con los intereses de otros.
Tres votaciones después, han tirado un triple seis forzando, de nuevo, urnas y presumiendo de un personalismo en la renuncia de Baños, como cuando Trotski se bajó del PCUS al ver que el politburó no lo apoyaba en 1919… Probablemente, porque la CUP también tienen su bandera diferente que ondear. Catalana, cuatribarrada y con estrella, pero de otro color. Quizás amarilla en fondo rojo, la del todo o nada, la de aquel hegemónico socialismo real.

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