Víctor Küppers: “No hay nada como ir alegre por la vida, mantener el ánimo en épocas de mierda”

 

ALBERTO D. PRIETO

Se pasa la vida “chutando” vidas, reclamando sonrisas desde la suya, “explicando cosas super fáciles que todo el mundo sabe pero que a veces hay que recordar”. Víctor Küppers es probablemente el conferenciante más contratado de España y viaja casi cada día de ciudad en ciudad, de empresa en empresa impartiendo ponencias sobre cómo la actitud con la que afrontamos cada aspecto de nuestra vida es el secreto de la felicidad “porque cuando sonríes la vida es mejor, para los que te rodean y para ti mismo”. Este martes 21 de febrero, este técnico de de ventas tiene vendidas todas las localidades de una charla pública en Madrid organizada por ‘Mentes expertas‘ en el Gran Teatro Príncipe Pío. “Doy cada día gracias a Dios, me encanta mi trabajo… y está chupado porque se trata de pasión y entusiasmo, nada más”.

PREGUNTA.– Entonces, ¿el conferenciante que hace creer en el ser humano y su potencialidad es creyente?

RESPUESTA.– Sí, no lo he sido siempre. Desde hace unos años…

P.– ¿Y de qué manera influye esto en tu vida y en la de los demás?

 

R.– Coño, sí que es una entrevista muy personal… No sé. La verdad es que no lo he sido toda la vida. Son acontecimientos que ocurren en tu vida, y hace diez años, no sé por qué. Soy muy religioso desde hace 10 años. Me influye en todo, en mi manera de ser, en mi manera de trabajar… Lo cual no me hace ni mejor ni peor, ¿eh? Te ayuda a saber lo que tienes que hacer. No te lo tienes que inventar, ya tienes la guía hecha.

P.– ¿Creyente católico, creyente por tu cuenta?

R.– No, no. Creyente católico… católico, apostólico y romano. De misa los domingos.

P.– ¿En qué consiste tu trabajo? ¿Cómo acabaste de conferenciante?

R.– Mira, éste es un mundo raro. Visto desde fuera, parece más de lo que es. Yo siempre digo que hay dos tipos de conferenciantes. Los hay que son unos cracks, con un coco privilegiado para investigar, para estudiar… hay gente que sabe un montón y que da conferencias sobre lo que sabe. Y luego hay otro grupo de conferenciantes, que es el de los conferenciantes no expertos, y que es el mío… Yo preferiría ser experto, pero no puedo, no tengo la inteligencia ni la capacidad. Mi trabajo es mucho más fácil. Yo me paso el día leyendo a los expertos, leo todos los artículos, libros e investigaciones que caen en mis manos y las ideas que me gustan las copio y las pego. Así de simple. Las transformo en una ponencia y las transmito. Mi trabajo consiste en transmitir lo que dicen los expertos de psicología positiva. Es así de fácil. Absolutamente fácil.

P.– ¿Y lo vives como un trabajo?

R.– Sí, sí. Es mi trabajo. Yo vivo de eso, y es mi profesión, es mi pasión. Yo tengo la suerte de que hago un trabajo que es vocacional. Yo descubrí mi vocación a los 30 años y me dedico a lo que más me apasiona. Si me toca la lotería, seguiría haciendo lo mismo. Me encanta mi trabajo.

P.– ¿Por qué apuntas que quieres que todo el mundo, al darse la vuelta, sonría más que al llegar a ti?

R.– Mira… A mí me gustan mucho las frases, los aforismos. Porque te explican de una manera muy simple, muy corta. Hay gente que te mete unos rollos inhumanos y no has entendido nada. Y hay aforismos y frases que ¡coño! enseguida lo pillas. Es una frase de la madre Teresa de Calcuta que leí hace muchos: ‘Que nadie llegue jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz’. O sea, yo creo que nos complicamos mucho la vida, y a mí une gustan las cosas simples. Yo siempre me pregunto ¿qué hago en este momento que sea simple, que sea práctico? Es toda una filosofía de vida. Y hace que la gente viva mejor, y viva mucho más alegre. Porque cuando tú haces feliz a los demás, tú también te sientes mejor. Lo cual no quiere decir que la vida sea siempre una fiesta, ¿eh? La vida tiene dramas, hay gente que sufre mucho. La vida no es sólo sonreír, jiji, jaja, la vida es durísima para muchas personas. Y para todos, en un momento determinado, la vida es insoportable.

P.– ¿Y ahí, qué haces? Imagino que te habrá pasado…

R.– Sí, sí. Me ha pasado a mí, y le pasa a mucha gente. Yo hago ponencias sobre el optimismo, sobre la alegría, la ilusión. Pero soy perfectamente consciente de que hay que huir de la demagogia, porque la gente sufre y en la vida hay dramas. Y todos sabemos lo que es un drama: un fallecimiento, una enfermedad grave, no llegar a fin de mes… un drama es una amiga mía que se ha quedado ciega. Y los dramas no tienen solución. Pero es que no le podemos buscar solución a todo. Ahora, lo que no tiene perdón es que los que no tenemos dramas vayamos tristes, quejándonos, que vayamos mustios… Los que no tenemos dramas estamos para ayudar a los que tienen dramas y para no perder la alegría por cosas menores. Andamos enfadados por tonterías casi siempre.

P.– Hablas mucho de la ‘actitud’. ¿A qué te refieres con ‘actitud’?

R.- Mira, yo no sé cómo llegué intentando copiar, pegar, simplificar… llegué a una fórmula que dice que tú vales (C+H)xA… La C son los conocimientos, todo el mundo vale por lo que sabe. Luego viene la H, que es la habilidad, la experiencia. Para todo en la vida, la experiencia cuenta mucho. Ahora, todo eso multiplica por la A, la actitud. Al final, la diferencia entre el crack y el chusquero es su actitud, que es la manera de ser. Valoramos a las personas no por lo que saben, no por los títulos que tienen o los masters que han hecho. Valoramos a las personas por su manera de ser, sea como jefes, como parejas, como padres… Tú vales tu manera de ser, básicamente. Y la manera de ser tiene que ver con tu estado de ánimo. Y por eso para mí tiene mucha importancia cómo se trabaja la actitud cuando el entorno no ayuda. Cuando las cosas van bien ¡coño! está chupado. Pero cuando van mal…

P.– ¿Por ejemplo?

R.– Mira, yo soy del Barça, y nos han metido cuatro. Está muy bien animar cuando las cosas van bien pero es ahora, en los momentos duros, cuando uno necesita recursos para tirar adelante, para no tirarlo todo, para ir animado. Porque si no lo mandaríamos todo a tomar por saco mil veces en esta vida. No podemos perder la actitud, porque cuando pierdes el ánimo estás KO, lo pierdes todo. Pierdes el ánimo y pasas a ser una persona mediocre, del montón, en lugar de ser una persona estratosférica. No hay nada como ir alegre por la vida. Si uno va ‘chutao’ la vida es fantástica. Ahora, si uno va hasta el coco, pues la vida es una mierda.

P.– ¿Qué es lo que más te suelen pedir en las conferencias?

R.– Yo trabajaba en técnicas de venta [risas]. Pero no me lo pide nadie ¡coño! Mira que me encanta hablar de técnicas de venta. Pero no, vamos a hablar de motivación, de alegría, de ilusión, de entusiasmo, que estamos muy ‘tocaos’… Todo el mundo pide lo mismo. Casi que la conferencia podría llamarse ‘Cómo mantener el ánimo en épocas de mierda’ [risas].

P.– ¿Y cuándo notas o sientes que ha servido? ¿Hay alguna clave en la que veas que ‘hoy sí he transmitido’?

R.– Yo como conferenciante soy muy consciente de lo que puedo hacer y de lo que no. Yo no hago milagros ni se trata de cambiar la vida a nadie, ni yo tengo la solución… Solamente sirve para hacer reflexionar. Uno, día a día, va liado con sus problemas, y lo que necesitas es que abran una ventana, te peguen dos castañas y digas ‘¡coño! es verdad, no todo es un desastre, no todo es una mierda…’ Ahora, es responsabilidad de cada uno, después, aplicarlo. Yo no te voy a cambiar la vida porque me escuches, ya me cuesta cambiármela a mí mismo. Lo que saco es la inquietud de que hay cosas que podemos hacer, no podemos estar todo el día llorando, todo el día quejándonos, y diciendo que la culpa siempre es de los demás. No. ¿Qué puedes hacer?

P.– Se te conoce por las conferencias en las que hablas de ir ‘chutao’ por la vida, sonreír, el autoconocimiento… pero también das charlas de técnicas de ventas. ¿Eres un comercial de ti mismo?

R.– No. De hecho, cerré mi Twitter hace meses, no tengo Instagram, no tengo Facebook… Aunque dé técnicas de venta, mi trabajo es diferente porque no puedes vender, te tienen que comprar. A mí nunca me ha gustado la autopromoción, nunca. Me parece vanidoso. Un peligro de mi trabajo es el ego. Porque cuando tienes un trabajo en que cada día te escucha 300 personas y te aplauden, pues tienes el riesgo de creértelo. Y tienes que ser consciente de que no eres tú, que son los conceptos que explicas.

P.– Si alguien se siente frustrado en su trabajo, en el día a día, ¿qué le dices?

R.– Que tiene dos opciones. Una, seguir frustrado, buscar gente que viva igual de cabreada que él, juntarse con ellos a la hora del café, desahogarse, criticarlo todo, meterse con todo el mundo… hay mucho lagarto, y los lagartos se contagian. La otra opción es cambiar de trabajo si puedes, que es muy fácil de decir, que no se trata de que seas irresponsable y que mañana lo dejes. Pero aunque quizá no ahora porque no sale el trabajo que quieres, empieza a poner los medios para saber que tienes que marcharte, ponerte en búsqueda activa de otra opción, no conformarte. Y mientras tanto… Había una frase de un filósofo que ahora no recuerdo que decía ‘si no haces lo que te gusta, haz que te guste lo que haces’. Es decir, no todo es perfecto, y si algo no te gusta, al menos un poco de bueno tiene que tener. Yo he venido hoy a Madrid, yo viajo todo el día solo… no me gusta viajar solo. Y podría estar amargándome todo el día por hacerlo, estoy solo, vaya mierda, no hablo con nadie… pero dentro de mi trabajo hay algo bueno. Apóyate en lo bueno, lo poco que haya bueno en tu trabajo. Es muy fácil de decir… es que mi trabajo está ‘chupao’. Yo explico cosas que a veces pienso, ¡coño! aplícatelo, pero es difícil, es una lucha titánica, pero que vale la pena, vale mucho la pena, Alberto. Mucho, mucho. Porque al final descubres que es verdad, que si te dedicas al 100% y dejas de quejarte, hay cosas que te gustan.

P.– Y ante un jefe malencarado, ¿sirve la técnica ésta de la sonrisa?

R.– Jefes merluzos hay muchos… La gente no se va del trabajo, la gente se va de los jefes, la gente huye de los jefes. Hay mucho desgraciado como jefe, y es muy peligroso. Ante un jefe que es un mamón, uno tiene que intentar protegerse. No lo vas a cambiar, pero por lo menos que no te afecte. Mira, es que no sé cómo mejor explicarlo: yo soy muy del Barça, y nos metemos en una mala época. Lo que no se me ocurrirá es coger el ‘Marca’, coger el ‘As’… coño, eso es un sufrimiento añadido que no me hace falta. Ya sabemos lo que hay, nos hemos quedado sin Champions, pues intenta respirar y centrarte en otras cosas. ¿Tu jefe es un desgraciado? Pues acéptalo, intenta convivir con ello y a la que puedas, lárgate. Te haces un currículum, lo mandas por mail y esperas que llegue una oferta. Somos responsables de nuestro estado de ánimo, y cuando tú dejas que algo te amargue, eso no es responsable. Nos tienen que amargar el mínimo posible.

P.– Algunas de tus frases favoritas, de ésas que destacas en tus presentaciones, parecen conformistas… como ésa que dice “cuando se derrumbó mi casa pude ver la luna con mayor claridad”.

P.– Bueno, ésa no es de mis favoritas. Pero explica bien una cosa. Dice que en la vida las cosas pasan y no las podemos controlar. Nos gustaría, pero no las controlamos. ¿Tú escuchaste el discurso famoso de steve Jobs en Stanford? Pues lo que decía es que cuando te van pasando cosas, aunque sean malas, con el tiempo vas descubriendo que eso que te pasó sirvió para algo, te hizo crecer. Son cosas que con el tiempo tienen sentido, y menos mal que pasaron aunque en su momento fueran negativas. Y no es conformista, porque resignarse es de mediocre. Mira, hay una frase de alcohólicos anónimos que es buenísima. dice: “Señor, dame serenidad para aceptar las cosas como son, y fuerza para cambiar lo que yo puedo cambiar”. No hay que ser conformista, no, para nada. Pero sí que hay que tener serenidad para aceptar la vida como es, serenidad… pues igual el Madrid gana la Champions, pues serenidad. Ya vendrán años mejores, y tenemos otras cosas en la vida aparte del fútbol…

P.– ¿Y la gente desahuciada, despedida, con el corazón roto… cómo pueden ir tirando con todo esto?

R.– Ufff, mira, son cosas distintas. Lo de la gente desahuciada es una auténtica vergüenza. Que vayamos hablando de la octava potencia mundial y haya gente que duerma en la calle y haya gente que se desahucie, que haya tantos bancos que se están forrando a millones y haya gente que se desahucie… hay quien puede pensar que es demagógico, pero para mí no es demagógico, es de país de mierda. Otra cosa son los corazones rotos. Si vas a un hospital, es muy triste cuando ves a alguien que tiene una enfermedad terminal. Hay situaciones durísimas, y como hablábamos antes, el que tiene fe se puede acoger a ella. No te consuela pero tienes algo a lo que acogerte, porque si no la vida es para volverse loco. Pero en esta vida estamos para ayudarnos. Y todos los que no tenemos drama, nuestra obligación es estar a disposición de los demás ara ayudar, cada uno como pueda. Porque si nos ayudáramos unos a otros, hay recursos para todos. Y no solamente económicos: hay gente que necesita cariño, que le acompañen, que el dediques tiempo, que necesita que le animes. La vida tiene dramas, y no lo vamos a cambiar, ojalá hubiera solución para todo. Y cuando alguien tiene el corazón roto porque ha tenido una desgracia en su vida, pues coño, los demás estamos para ayudar.

Publicado en OKDIARIO el 20febrero2017

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